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Ronald MacLean: En la lucha contra la corrupción “la Cicig hace lo que sabe hacer, pero no es la solución”

Parte del proceso es el reconocimiento que hay un problema y que hay qué resolverlo.

Invitado por la Fundación Esquipulas para disertar sobre un modelo alternativo de combate a la corrupción, se encuentra en Guatemala Ronald MacLean Abaroa, especialista en temas de trasparencia y gobernanza.

Aprovechando la coyuntura, el programa A Primera Hora lo invitó para conversar sobre lo que él denomina plan preventivo contra la corrupción.

Ronald MacLean Abaroa es un político boliviano, retirado de la política boliviana. Fue elegido alcalde de La Paz entre los años 1987 a 1991, Ministro de Relaciones Exteriores y candidato a la presidencia de su país en el año 2002.

También ha sido funcionario del Banco Mundial para temas de trasparencia y gobernanza.

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Esto es parte de lo conversado:

Siendo alcalde de La Paz logramos bajar los niveles de impunidad en dos años sin cadáveres en la calle. Es decir; el hecho es que cuando se judicializa y se criminaliza el tema de la corrupción es como el crimen y castigo.

Sin embargo, la corrupción es un problema de desarrollo, no es legal. Como Alcalde tuvimos que crear un sistema alternativo más afectivo y menos dañino, en el sentido clínico.

La corrupción es como el cáncer, es una enfermedad. Cuando hay un tumor localizado, hay una solución; pero cuando se trata de metástasis ya no hay solución.

¿En nuestros países todavía es posible imponer un modelo alternativo?

Sí. Porque el paciente todavía respira. La lucha contra la corrupción es un proceso en el que debe haber la participación de la gente, de las instituciones.

¿Su modelo no excluye la persecución penal?

Se complementa con que la corrupción tiene síntomas, tiene causas. El caso de Guatemala, el tema está en que es un problema sistémico.

En nuestras sociedades que tiene problema sistémico el problema es distinto.

Hay que entender que los políticos no son marcianos que vinieron a corromper la sociedad. No. Son productos de nuestra propia sociedad, nosotros los elegimos.

Es un proceso de desarrollo colectivo. El modelo aplica a cualquier país. Brasil, por ejemplo… yo no creo que haya un solo político que no haya llegado al punto de la corrupción, porque es parte del sistema.

¿Cómo ve Guatemala?

En Guatemala hay un enfrentamiento, una polarización. Es un país que ha tenido un conflicto armado interno, una paz en un proceso difícil. Es una Guatemala polarizada.

¿Cómo ve el caso de la Cicig?

Han llamado un cirujano… la cicig hace lo que sabe hacer. Pero no es la solución. Es parte de la solución, pero lo que está causando es polarización, confrontación. Nuestro método no es polarizar, no es confrontacional. Le decimos, le ayudamos a resolver su problema.

La señal está dada de que esto es un problema, pero seguir operando en un sistema en donde hay metástasis y queremos operar no tiene sentido. Vamos a matar al paciente.

¿A usted lo trajeron a Guatemala para que se vaya la Cicig?

(Sonríe) De ninguna manera. El trabajo de Cicig ha sido importante, pero creo que es momento de hacer una pausa para analizar si el tratamiento es el conveniente y efectivo.

¿La corrupción es de izquierda o de derecha…?

El sistema es corrupto. Las circunstancias los obligan. Existe un servicio público, la gente piensa que si no paga bajo la mesa no la van atender. No nos gusta el esquema, pero tenemos que hacerlo.

Es necesario cambiar la corrupción, modernizar nuestros sistemas de combate.

En países desarrollados, la corrupción está localizada. En EE.UU. o Francia por ejemplo, la corrupción no es sistemática, no ha permeado. En nuestros países hay una metástasis del problema.

En La Paz, por ejemplo, la hiperinflación hizo que los sueldos llegaran a niveles mínimos. Entonces fui obligado a buscar una forma distinta de tratar el tema. El asunto fue tratado desde el punto de vista de las instituciones, con incentivos y mucha información para qué los sistemas sean limpios.

Muchas veces la gente se corrompe por necesidad, aunque quisiera no hacerlo.

Guatemala es uno de los países del mundo con menos presión tributaria. La lucha se ha centrado en los políticos, y los que se vuelven políticos aprender rápido el tema de corrupción. Pero es la gente que nosotros elegimos.

Hay un proceso de transformación de la sociedad. Parte del proceso es el reconocimiento que hay un problema y que hay qué resolverlo. Hay que aumentar la transparencia y la rendición de cuentas.

¿Qué opina del caso Odebrecht?

Ese es un problema que ha infectado a todo Latinoamérica. Bolivia no está exenta. Odebrecht es parte del financiamiento de los partidos. Si no modificamos la forma como se financia la política, no podemos esperar otro sistema.

Chile ha limitado el gasto de las campañas, y eso ha reducido la corrupción en la política en ese país.

 

Escuche nuevamente el programa aquí: ▼

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