Nota de EU89.7
Conoce la razón por la que lo prohibido nos gusta tanto

Si te llama la atención todo lo que no está a tu alcance, no te preocupes. Es una condición genética que hace que lo prohibido nos resulte más atractivo.

Si te llama la atención todo lo que no está a tu alcance, no te preocupes. Es una condición genética que hace que lo prohibido nos resulte más atractivo

El deseo que sentimos por complacer nuestros gustos está en nuestra mente todo el tiempo. Desde la comida hasta buscar el placer sexual. Lo prohibido parece desafiar nuestra mente y “retarla” para ver si logramos o no, conseguir algo que deseamos.

El cerebro encuentra placer en transgredir las reglas y obtener algo que se le presenta como limitado. Es por eso que todo lo que no se nos permite nos resultará atractivo.

El placer del miedo

Los seres humanos encontramos un cierto tipo de diversión al transgredir las reglas. Este gusto se denomina “miedo consciente.” A diferencia del miedo como tal, este no nos causa la reacción de huir como cuando se presenta una amenaza, sino que nos resulta atractivo pues es una fuerza que podemos controlar.

El bioquímico Dean Hammer ha establecido que hay una conexión entre el gen conocido como D4DR y el coraje; e incluso ha determinado que quienes portan una versión más concreta de este gen tienen una mayor tendencia a buscar lo prohibido y las situaciones que conlleven riesgo.

Caer en el pecado

Un ejemplo a una escala con la que todos podemos relacionarnos es el de comer chocolate.

Esta golosina contiene tripófano. Este aminoácido va directamente al cerebro cuando es ingerido y propicia la secreción de serotonina, lo cual tiene un efecto relajante en nuestro organismo, dándonos paz, tranquilidad y felicidad.

Por otra parte, el chocolate es rico en feniletilamina. Esta es una anfetamina natural que produce euforia y una sensación de bienestar emocional en el cerebro. De esta forma, comer chocolate produce una cadena de reacciones químicas en el cerebro que se vuelven placenteras y puede llegar a considerarse algo prohibido, pues es conocido que existen consecuencias adversas de la ingesta de dulces de este tipo. El cerebro nos engaña haciendonos creer que está bien darse un placer culposo porque estamos “en control” de la situación.