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Revelan identidad de la mujer que inspiró “En el muelle de San Blas”

Muchas se escribió sobre esa mujer con una belleza única, que vestida de novia esperaba a un amor que finalmente nunca regresaría. ¡Esta es su verdad!

En 1997, Maná inmortalizó en la canción “En el muelle de San Blas” y muchos se preguntaron, ¿en quién estaba inspirada.

La historia de Rebeca Méndez es real, ella amó a tres hombres. Una persona a la que la vida le fue poniendo obstáculos todo el tiempo, obstáculos que la llevaron a la locura.

Infobae entrevistó Blanca Leticia Suárez Méndez, la hija de la protagonista de la historia que inspiró la canción

“Mucho se habló sobre mi madre. Lamentablemente, casi todo lo que se dice es mentira. Y por respeto a ella, a su historia, es necesario que se sepa la verdad de los hechos”, dijo.

Rebeca Méndez
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La leyenda habla de un marinero llamado Manuel. También de una tormenta bautizada Priscilla que pudo haber causado su muerte. Y de una mujer que en vano esperó toda su vida el regreso de ese marinero.

De hecho, así es como lo cuenta el guía de turistas de El Fuerte de la Contaduría, en el puerto de San Blas, en el estado mexicano de Nayarit.

“Mi madre nació en Guadalajara, en 1943. Ella cantaba muy bonito y llegó a tener fama y a ganar dinero. Se enamoró y quedó embarazada de mí -dice Blanca-, y no la dejaron casarse con mi padre, temiendo que abandone su carrera. La violencia con la que alejaron de ese hombre fue desesperante para mi madre. Incluso, para protegerlo, la familia de mi padre lo envió al extranjero. Eso la llevó a la locura”.

Según contó Blanca, su mamá abandonó la música y conoció a otro joven. Fruto de esa relación nacieron dos hijos, pero la vida le tenía una sorpresa.

“Ella se quiso casar, pero ese hombre ya estaba casado. La primera vez que ella se vistió de novia, le costó el manicomio. Le quitaron su herencia, y también le quitaron a sus dos hijos, a quienes en 1984 enviaron a Italia”.

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Rebeca Méndez cuando cantaba

“Mi mamá estaba en el manicomio y no me dejaban ir a verla hasta que cumpliera la mayoría de edad. Esperaba ese momento, mi cumpleaños era en octubre de 1985”.

Todo cambió

El 19 de septiembre de 1985, un sismo de magnitud 8.1 afectó la zona centro, sur y occidente de México, convirtiéndose en el más dañino en la historia de ese país.

Según cálculos extraoficiales, unas 40 mil personas fallecieron luego de esas dos trágicas jornadas (el sismo de la mañana del jueves 19 de septiembre y la réplica del viernes 20, que terminó de colapsar las débiles estructuras que habían quedado).

“Tras el temblor, mi mamá escapa del manicomio y comienza a deambular por las calles buscándonos. Ella sólo quería encontrar a su familia y a sus hijos, seguramente una parte de su interior le hizo creer que nosotros habíamos muerto en medio de esa tragedia”.

Así fue como Rebeca llegó a San Blas, un lugar que le traía recuerdos de su infancia, pues de niña la llevaban a vacacionar.

Blanca contó que en ese lugar su mamá volvió a conocer el amor, aquel que la atravesó como ningún otro que hubiera experimentado antes. Un amor al que no le importó la diferencia de edad.

Rebeca conoció a un surfista llamado Ladislao, apodado Laus. Aunque era varios años menor, el joven se sintió atraído por la belleza de esa mujer.

“Juntos, ellos eran ‘la bomba’. Y mi mamá por fin había encontrado el amor”, señaló.

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Rebeca, ya mayor y con su vestido de novia

Ellos se mudaron a una casa que estaba muy cerca de la plaza vecina al muelle. Con su traje de novia, le comentaba a quien quisiera oírla que en Laus finalmente había hallado al hombre de su vida. Y que pronto se casarían.

Una tarde cualquiera Ladislao tomó su moto y se dirigió a un puerto cercano, donde compraría algunas unas cosas. Pero un accidente terminó con su vida. Y allí quedó Rebeca, con su vestido de novia, a la espera de un amor que jamás volvería.

Fue entonces cuando Fher Olvera dio con ella. Y al escuchar su relato escribió en un papel una historia que mostró a los demás integrantes del grupo, a la que rápidamente pusieron música.

“Yo vivía muy lejos, y una tía me fue a buscar a casa para que escuchara las historias que se contaban de una mujer en el muelle, porque ella vivía cerca de San Blas”.

Sin embargo, había una duda que Blanca necesitaba quitarse. “Le pregunté quién era el amor que esperaba, y sus ojos se le llenaron de lágrimas. ‘Es un misterio que me llevaré a la tumba’, me respondió. Y así lo hizo: jamás me lo contó. Murió, en mis brazos el 15 de septiembre de 2012”.

Con información de Infobae

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Homenaje a Maná y Rebeca