Tuvieron que pasar veinte años de evolución táctica para que otra camiseta 10 volviera a reclamar el trono del mejor del planeta.
Lo hizo el francés Zinedine Zidane en el Mundial de Alemania 2006, conduciendo a los "Bleus" hasta la final en una campaña de pura elegancia sobre el césped, aunque no culminó con el título y sí con un sombrío cabezazo.
Cuatro años más tarde, en el Mundial de Sudáfrica 2010, el uruguayo Diego Forlán rompió todos los pronósticos al adjudicarse el trofeo con la 10 de la Celeste, gracias a su magistral pegada de media distancia y a una actuación que metió a los charrúas en las semifinales.
El presente siglo ha sido testigo de la consolidación definitiva de este fenómeno. El astro argentino Lionel Messi inscribió su nombre por primera vez en este olimpo individual durante el Mundial de Brasil 2014, un campeonato donde se quedó a las puertas de la gloria por obra de Alemania, que se metió en su camino.
En la cita del Mundial de Rusia 2018, la mística del dorsal se mudó a los Balcanes por cuenta del mediocampista Luka Modrić, quien capitaneó la gesta de Croacia hasta el partido definitivo, derrochando una clase magistral que cautivó a los aficionados.
La obra cumbre cobró vida en el Mundial de Catar 2022, con Lionel Messi alzando la Copa del Mundial, y, a la vez, inscribiendo su nombre como el único futbolista de la historia en conquistar un segundo Balón de Oro de la competición.
Entre las expectativas de cara a la cita de Estados Unidos, México y Canadá tiene un lugar especial el interés por saber quién heredará esta dinastía en un torneo expandido a 48 selecciones que exigirá al máximo la lucidez de los nuevos creativos.
Figuras de la élite lucirán el dorsal 10 en Norteamérica con la ambición de asaltar los registros, sabiendo que en la máxima cita del balompié esa camiseta no es una simple tela, sino la etiqueta exclusiva que viste a unos pocos de grandeza.


