Las finales de la Copa del Mundo suelen estar reservadas para las grandes estrellas. Son los partidos que todos quieren jugar desde el primer minuto. Sin embargo, la historia demuestra que algunos de los momentos más importantes del torneo no fueron protagonizados por titulares, sino por futbolistas que comenzaron el partido observando desde el banquillo.
A lo largo de los Mundiales, varios entrenadores encontraron en sus suplentes la llave para modificar el destino de una final. En ocasiones bastó una sustitución para cambiar el rumbo de un encuentro y, en consecuencia, el de la historia del fútbol.
Según datos de FIFA, la influencia de los jugadores de relevo ha crecido constantemente. En Brasil 2014, los suplentes marcaron 32 goles, la cifra más alta registrada en una sola Copa del Mundo hasta ese momento.
Mario Götze: el suplente que entregó una estrella
Si existe un nombre inseparable de este tema es el de Mario Götze. El mediocampista alemán comenzó la final de Brasil 2014 en el banquillo. Joachim Löw decidió ingresarlo en el minuto 88 en sustitución de Miroslav Klose, máximo goleador histórico de los Mundiales.
Con el partido empatado sin goles y la prórroga acercándose a los penales, André Schürrle envió un centro desde la izquierda. Götze controló con el pecho y definió de volea para marcar el único gol del encuentro en el minuto 113.
Aquella anotación le dio a Alemania su cuarta Copa del Mundo y convirtió a Götze en el primer suplente en la historia en anotar el gol de la victoria en una final mundialista.
Dick Nanninga mantuvo viva la esperanza neerlandesa
Antes de Götze hubo otro suplente que logró marcar en una final. En Argentina 1978, Países Bajos perdía 1-0 frente a la selección anfitriona cuando Ernst Happel decidió enviar al campo a Dick Nanninga. La apuesta funcionó. A pocos minutos del final, el delantero conectó un cabezazo que significó el empate y forzó la prórroga.
Aunque Argentina terminaría imponiéndose 3-1, Nanninga pasó a la historia como el primer futbolista suplente que anotó en una final de la Copa del Mundo.
Alessandro Altobelli cerró la obra italiana
La final de España 1982 parecía sentenciada cuando Italia ganaba 2-0 a Alemania Federal. Sin embargo, el seleccionador italiano decidió recurrir al banquillo y dio entrada a Alessandro Altobelli. El delantero respondió marcando el tercer gol de la noche y sellando definitivamente la conquista del tercer título mundial para la Azzurra. Aunque su tanto no fue el decisivo, sí representó el golpe final de una selección que maravilló al mundo durante aquel torneo.
Rudi Völler, impacto inmediato
Cuatro años después, en México 1986, otro suplente volvió a dejar su huella en una final. Rudi Völler ingresó desde el banquillo para Alemania Federal y logró marcar frente a Argentina. Su gol acercó a los europeos en el marcador y aumentó la tensión en los minutos finales.
Aunque los sudamericanos terminaron levantando el trofeo gracias al recordado gol de Jorge Burruchaga, Völler demostró el valor que podía tener una modificación táctica en el partido más importante del planeta.
El papel silencioso de los revulsivos
No todos los suplentes que cambiaron finales lo hicieron anotando. En Sudáfrica 2010, por ejemplo, España encontró soluciones desde el banco durante la prórroga. La entrada de Jesús Navas aportó profundidad por la banda derecha y ayudó a generar la jugada que terminó con el histórico gol de Andrés Iniesta en el minuto 116, el tanto que otorgó a los españoles su primera Copa del Mundo.
En muchas ocasiones, la influencia de los suplentes se mide en asistencias, desgaste defensivo provocado al rival o modificaciones tácticas que permiten abrir espacios decisivos.
Cuando las sustituciones fueron introducidas en los Mundiales de México 1970, los entrenadores apenas disponían de dos cambios por partido. Hoy pueden realizar hasta cinco durante el tiempo reglamentario, además de modificaciones adicionales en determinadas circunstancias.


