El británico Gus Hully se volvió viral tras completar una colección de bebidas de los 48 países participantes del torneo, en un desafío que le tomó meses y contactos en todo el mundo.
El Mundial 2026 no solo se juega en los estadios. También lo hace en redes sociales, donde las historias de aficionados han comenzado a ganar tanto protagonismo como los propios partidos. Una de las más virales en los últimos días es la de Gus Hully, un aficionado inglés que logró reunir 48 cervezas, una por cada país clasificado al torneo.
La idea surgió como un desafío personal previo al inicio del Mundial 2026: conseguir una cerveza representativa de cada una de las selecciones participantes en la primera edición del torneo ampliado a 48 equipos. Sin embargo, la tarea resultó mucho más compleja de lo previsto.
Según reportes de medios internacionales, Hully tuvo que contactar con distribuidores, amigos en distintos países y tiendas especializadas para completar su colección, especialmente en el caso de naciones con baja exportación o producción limitada de cerveza.
Entre las marcas más destacadas de su colección figuran algunas ampliamente reconocidas, como Estrella Galicia, en el caso de España; Super Bock, de Portugal; Stiegl Hell, de Austria; y Quiles, de Argentina. Además de otras procedentes de mercados menos habituales en la distribución global.
La historia peculiar en medio del Mundial 2026 se viralizó rápidamente en redes sociales, donde usuarios de distintos países comenzaron a identificar qué cerveza representaba a su selección. El propio aficionado ha señalado que su intención es convertir la colección en una especie de "cronología del torneo", consumiendo cada cerveza a medida que las selecciones vayan quedando eliminadas.
El fenómeno refleja una tendencia cada vez más común en los grandes eventos deportivos: el auge de historias paralelas que combinan creatividad, afición y cultura digital, y que logran trascender el propio terreno de juego.
Más allá del futbol, el Mundial 2026 vuelve a demostrar que su impacto no se limita a los estadios, sino también a las redes sociales, donde los aficionados se han convertido en protagonistas de relatos virales que recorren el mundo en cuestión de horas.




