“No tengo orejas en Roma”, dice el obispo Ramazzini, futuro cardenal

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“No tengo orejas en Roma”, dice el obispo Álvaro Ramazzini, futuro cardenal

El papa Francisco anunció que el obispo de Huehuetenango, monseñor Álvaro Ramazzini, será nombrado Cardenal, el 5 de octubre próximo.

El papa Francisco anunció ayer que el obispo de Huehuetenango, monseñor Álvaro Ramazzini será nombrado Cardenal, el 5 de octubre próximo, por su compromiso con las poblaciones indígenas, los inmigrantes, la defensa del Medio Ambiente, entre otras cosas.

El programa A Primera Hora se comunicó por la vía telefónica con el religioso, quien comentó sus sentimientos ante ten nombramiento.

  • Usted se enteró ayer a las 05:00 horas, de su nombramiento, ¿cuál fue su fuente?

No es tanto una fuente. Yo no tengo orejas en Roma, fueron unos amigos los que me lo dijeron.

La verdad quedé desconcertado. No me lo esperaba. En de esos momentos de pensar en la gente, ya que uno de los privilegios del los cardenales es que están  al oído del Papa y el cardenal puede decirle al oído cosas de las que no se entera por otros medios.

Alguna vez pensé: ‘Me gustaría para ser la voz de quienes no pueden acercarse al Papa’

El asunto es que el cardenalato se ve como una cuestión de poder, de prestigio. Pero uno no tiene que caer en esa tentación. Sobre todo en ámbitos eclesiásticos. Debemos pensar que somos servidores, no gente poderosa, que disponemos.

Las tentaciones de orgullo y de soberbia están ahí y hay que tratar de superarlos.

Ahora reflexionando, estoy agradecido, porque eso significa que el Papa sabe de Guatemala, de sus problemáticas, de las luchas, de temas migratorios, de la pobreza, de la exclusión social que existe.

Es una muestra de cariño para el pueblo de Guatemala. No lo veo tanto para Álvaro Ramazzini, sino por los caminos de Dios en la tierra guatemalteca.

  • ¿Cómo ve el nombramiento?

Seguramente tendré más publicidad. Desgraciadamente así es. Los medios le dan a uno más chance de dar declaraciones.

Seguramente el Papa me nombrará en algunas comisiones vaticanas. No significa que uno se vaya a vivir en Roma. Yo voy a seguir con mi trabajo de obispo, pero con mayor posibilidad de acercamiento al Papa. Mi vida no cambia, seguiré siendo el obispo en Huehuetenango, sirviendo a la gente.

  • La justicia divina

Ayer en la jornada de oración por los migrantes recordaba que hace mes y medio estuve en Indiana, Estados Unidos, y veo y toco el miedo de la gente, con esa política antimigrante del señor (Donald) Trump, que comenzó con Barak Obama, y la alegría de ver que su trabajo rinde, ver a sus niños bien cuidados y alimentados, pero con el temor de la deportación.

Pero trabajan 12 horas diarios de lunes a lunes y solo descansan las 12 horas que les quedan libres. Eso toca el corazón y cuando uno regresa, regresa más animado para seguir luchando por esas personas.

  • ¿Qué dice de quienes comentan que usted está vinculado con la política?

Que busquen en el diccionario lo que dice de política: acciones para lograr el bien común, real y efectivo para vivir como personas, en el cumplimiento de sus obligaciones.

La gente no puede vivir de acuerdo a su dignidad humana si no tienen salarios justos, la justicia no es equitativa. Busquen la definición de política y ahí van a entender. Esas son acciones sociales, no es política de partidos como se malentiende.

  • ¿Cómo decide ser sacerdote?

Cuando estaba en quinto año de primaria, estudiaba en un colegio católico, por la Aduana en la zona 1. Un sacerdote de Santo Domingo daba pláticas, y comencé a hacerme la pregunta.

Me recuerdo del sacerdote con su hábito blanco. Él decía que es bueno salvar el alma y que una manera es siendo sacerdotes. Así comenzó a nacer la idea, pero yo tenía diez años. A esa edad uno se comienza a abrirse a las festividades.

Al salir de sexto primaria, le dije a mamá que quería estudiar. ‘Inscríbame en el Instituto Normal de Varones’, le dije. Cuando íbamos, pasamos frente al Seminario Conciliar de Santiago. Le pregunté ‘¿Que es seminario? ‘Donde se preparan los sacerdotes’, me respondió.

‘Entremos’, le dije. El padre encargado nos atendió, me hizo la pregunta de qué estaba pensando. Si quiere entrar lo esperamos en enero, dijo, era noviembre. Entonces ingresé y comencé todo el proceso. En subida y en bajada, en la adolescencia, en las crisis efectivas de querer tener un mejor estilo de vida. Pero el director espiritual  me fue ayudando.

Me recuerdo del padre Marco Tulio García, de San Juan Sacatepéquez; del padre Gaitán, del padre (Rodolfo) Quezada, fue mi párroco; del obispo (Juan José Gerardi, del padre Hermógenes López, que fue mi director espiritual.

  • Su relación con Mario Casariego

En ese tiempo él era el obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala. El obispo era Mariano Rossel y Arellano. Después me nombraron acólito de las ceremonias pontificales de catedral y comencé a tener una relación más cercana con Casariego.

El me ordenó como diácono y como sacerdote, y entonces ya comenzamos una relación de trabajo.

Él me mandó a estudiar a Roma, lo cual le agradezco mucho. Él le tenía un cariño especial a mi papá. Lo fuimos a visitar antes de que yo me fuera a roma. Mi familia vivía en EE.UU.

Hubo algunos momentos de confrontación yo veía la pastoral de una forma distinta de como él la veía. Yo le dije que quería sincerarme porque no estaba de acuerdo con algunos puntos suyos.

‘Sí… sí… si, ya me di cuenta’, me dijo. A los dos años de esa confesión, él murió, y entró su sucesor, y la relación fue, lo que ha sido.

  • Su propuesta para un país dividido

El único camino es el diálogo y para eso la iglesia tiene un hermosísimo documento escrito por  San Juan Pablo II ‘Ecleccia sua’, ‘Su iglesia’, de cómo el diálogo debe hacerse, de cómo el diálogo es para resolver el sistema.

Sigo siendo un gran defensor del dialogo, sinceridad y respeto mutuo

  • ¿Usted podría ver que el Papa venga a Guatemala?

Es posible, porque los cardenales están más cerca del papa. Uno puede tener mayor posibilidad de acercamiento a él.

Escuche el reporte de Juan Carlos Chanta ▼

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