Nota de EU89.7
Quien tiene amigas tiene ataques de risa

Quien tiene amigas tiene ataques de risa, inesperados y explosivos, de esos que llaman la atención, que sonrojan las mejillas y nos sacan las lágrimas mientras nos cauterizan de inmediato las molestas tristezas cotidianas del corazón. La amistad suele tener muchísimos efectos secundarios, pero uno de ellos, el más catártico, es sin duda el placer …

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Quien tiene amigas tiene ataques de risa, inesperados y explosivos, de esos que llaman la atención, que sonrojan las mejillas y nos sacan las lágrimas mientras nos cauterizan de inmediato las molestas tristezas cotidianas del corazón.

La amistad suele tener muchísimos efectos secundarios, pero uno de ellos, el más catártico, es sin duda el placer de reír en compañía. De hecho, resulta curioso saber que en la escala de desahogo emocional, al igual que el llanto siempre será mucho mejor que el lloro silencioso, la carcajada es también más beneficiosa que una simple risa.

Me gustan esas amigas con las que compartir locuras, tardes de café y ataques de risa. Me gustan porque llegaron de casualidad, casi sin saber cómo para convertirse en mi auténtica familia

En realidad, no hay dolor más placentero que ese que se instala en nuestro estómago producido por tantos y tantos ataques de risa compartidos. Porque esa sensación es el reflejo de la cohesión social y del bienestar, y porque la amistad es también una forma de reciclar lágrimas y decepciones para permitir que la risa se alce como una auténtica arquitecta de la sabiduría.

Los ataques de risa que suavizan la adversidad

El humor más admirable es el que surge de la adversidad y que a su vez tenemos el placer de compartir con personas que son significativas para nosotros. En el caso de las mujeres, la amistad es sin duda el mejor apoyo cotidiano mediante el cual favorecer el desahogo y la catarsis emocional.

De hecho, según un estudio publicado en la revista «Psycholgy Today«, se sabe que la amistad entre los hombres es más instrumental y menos emocional y aunque el vínculo pueda ser igual de estrecho y significativo, no se llega a alcanzar esa profundidad tan cómplice, tan íntima e intuitiva donde conferir un auténtico apoyo moral.

En momentos difíciles, es común que entre el grupo de amigas acabe apareciendo un comentario repentino que da chispa a la penumbra y que además haga volar el pensamiento para quitar tensión. Al poco, alguien da un paso más allá, un salto hacia lo irónico, hacia lo absurdo, para provocar que al segundo, aparezcan ellos, los auténticos sanadores del alma, las auténticas pastillas para las penas cotidianas: los ataques de risa.

Los malos momentos traen amigos verdaderos Los malos momentos traen amigos verdaderos

Hay personas que nos ayudan a no caer en los momentos más complicados, que nos ofrecen su hombro y su cariño. Ellos son nuestros amigos verdaderos.

La risa puede parecernos algo trivial, a instantes efímera, luego caótica, explosiva o sin demasiado sentido, sin embargo, actúa como un auténtico «pegamento» para cerebros. Siempre esconde algún significado y pocas veces una emoción tiene un impacto y una trascendencia social tan elevada como es la risa.

Greg Bryant, profesor de la Universidad de California (UCLA) realizó un curioso estudio donde pudo demostrar que basta con escuchar unos segundos el tipo de risas que se comparten entre dos personas, para deducir sin son pareja, amigos y cuál es la calidad de esa amistad. Este trabajo llevado a cabo en diversos países y culturas, demostró a su vez algo que los antropólogos ya sabían.

La risa forma parte de nuestro desarrollo evolutivo y es, además, un mecanismo instintivo que favorece la cooperación entre el ser humano. Nuestro cerebro nos recuerdan que las alianzas sociales son buenas, que son necesarias para sobrevivir, de ahí, que la risa actúe como un imán emocional prodigioso. Si somos capaces además de atender su intensidad, su musicalidad o cadencia deduciremos en que fase está esa relación.

Ahora bien, las carcajadas y esos ataques de risa aderezados por la complicidad más íntima de dos miradas que se leen y se sienten desde el corazón, aderezan la auténtica pócima para construir las amistades más duraderas. Son esos lazos que nos levantan del suelo, ese azúcar para digerir las amarguras del día y esa fórmula magistral para convencernos de que el mundo, siempre seguirá valiendo la pena mientras existan personas excepcionales.

Los ataques de risa, por tanto, nos ayudan a sobrevivir y nos unen entre nosotros y eso es algo que le complace al cerebro y por ello, una vez más, nos recompensa con endorfinas para ayudarnos a aplacar el estrés y aliviar el laberinto de nuestras tensiones y el abismo de nuestros miedos.

Ahora bien, tal y como hemos señalado al inicio, las simples sonrisas no sanan, como no sanan tampoco las lágrimas que se contienen o se disimulan. Lo que cura es el llanto y lo que alegra el corazón es la carcajada más sonora.