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Estos son los orígenes de las supersticiones más comunes

¿Pero por qué no caminar debajo de las escaleras? ¿Por qué, después de expresar optimismo, tocamos madera?¿Y por qué evitamos a toda costa abrir un paraguas en un lugar cerrado?

Algunas supersticiones están tan arraigadas en las sociedades modernas que todos, desde los laicos hasta los científicos, sucumben a ellas (o, al menos, se sienten un poco incómodos por no hacerlo). ¿Pero por qué no caminar debajo de las escaleras? ¿Por qué, después de expresar optimismo, tocamos madera?¿Y por qué evitamos a toda costa abrir un paraguas en un lugar cerrado?

Estos son los orígenes de algunas de las supersticiones más comunes:

  1. Es mala suerte abrir un paraguas en el interior

Aunque algunos historiadores remontan tentativamente esta creencia al antiguo Egipto, las supersticiones que rodeaban los paraguas de los faraones eran en realidad bastante diferentes y probablemente no estaban relacionadas con las de ahora. La mayoría de los historiadores piensan que el peligro de abrir un paraguas en un lugar cerrado se originó mucho más recientemente, en la Inglaterra victoriana. En “Extraordinary Origins of Everyday Things” (Harper, 1989), el científico y escritor Charles Panati escribió: “En el Londres del siglo XVIII, cuando los paraguas impermeables con radios metálicos comenzaron a convertirse en una visión común de las lluvias, su resorte rígido los convertía en verdaderos peligros para abrir en el interior. Un paraguas que se abría de repente en una habitación pequeña, podía dañar seriamente a un adulto o un niño, o destrozar un objeto frágil. Incluso un accidente menor podía provocar palabras desagradables o una pequeña disputa en una familia o entre amigos.

 2. Es mala suerte caminar debajo de una escalera inclinada

Esta superstición realmente se originó hace 5,000 años en el antiguo Egipto. Una escalera apoyada contra una pared forma un triángulo, y los egipcios consideraron esta figura como sagrada (como lo muestran, por ejemplo, sus pirámides). Para ellos, los triángulos representaban la trinidad de los dioses, y pasar por un triángulo era profanarlos. Esta creencia se abrió camino a través de los siglos. Siglos más tarde, los seguidores de Jesucristo usurparon la superstición, interpretándola a la luz de la muerte de Cristo. Debido a que una escalera había sido apoyada contra el crucifijo, se convirtió en un símbolo de maldad, traición y muerte. Caminar bajo una escalera representa la desgracia. En Inglaterra en la década de 1,600, los criminales fueron obligados a caminar debajo de una escalera en su camino hacia la horca.

    3. Un espejo roto te da siete años de mala suerte

En la antigua Grecia, era común que las personas consultaran a “videntes de espejos”, que contaban sus fortunas mediante el análisis de sus reflejos. Como explicó el historiador Milton Goldsmith en su libro “Signs, Omens and Superstitions” (1918), “la adivinación se realizaba por medio del agua y un espejo. Esto se llamó catoptromancia. El espejo era sumergido en el agua y se le pedí a un enfermo que mirara en el vidrio. Si su imagen aparecía distorsionada, era probable que muriera; si la imagen era clara, viviría”. En el primer siglo A.D., los romanos agregaron una advertencia a la superstición. En ese momento, se creía que la salud de las personas cambiaba en ciclos de siete años. Una imagen distorsionada resultante de un espejo roto significaba, por lo tanto, siete años de mala salud y desgracia, en lugar de la muerte absoluta.

4. Si derramas sal, revuelve un poco sobre tu hombro izquierdo para evitar la mala suerte

Uno de los orígenes de esta superstición es que Judas Iscariote derramó la sal durante la Última Cena. De hecho, en el cuadro de Leonardo da Vinci titulado La Última Cena, podemos ver esta imagen. Esta explicación, sin embargo, deja muchas dudas; ya que que antiguamente la sal era de mucho valor, considerada un símbolo de confianza y amistad.

Alrededor de los 3.500 a. C., los antiguos Sumerios comenzaron por primera vez a anular la mala suerte de la sal derramada al arrojar una pizca sobre sus hombros izquierdos. Este ritual se extendió a los egipcios, los asirios y, más tarde, a los griegos. La superstición en última instancia refleja cuánta gente valoró (y aún premia) la sal como condimento para la comida. La etimología de la palabra “salario” muestra cuán altamente la valoramos.

 

 

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