Nota de EU89.7

¡Sé tu mismo, no le temas a tu propia identidad!

A pesar de que la sociedad sea un lugar de cooperación, también es cierto que estos vínculos de colaboración y beneficio mutuo no son siempre muy claros y la amenaza de que se rompan siempre acecha. Quizás por eso estamos siempre tan preocupados por el qué dirán; en un entorno en el que nuestros antiguos …

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A pesar de que la sociedad sea un lugar de cooperación, también es cierto que estos vínculos de colaboración y beneficio mutuo no son siempre muy claros y la amenaza de que se rompan siempre acecha.

Quizás por eso estamos siempre tan preocupados por el qué dirán; en un entorno en el que nuestros antiguos aliados pueden ser nuestros enemigos en el presente, nuestra imagen personal tiene mucho valor, ya que es algo que nos define como individuos y que no depende de nadie más que de nosotros.

Como consecuencia, intentamos crear una versión pública de nosotros mismos que pueda agradar a los demás, dejando de lado, en parte, si eso nos obliga a adoptar ciertas imposturas en nuestros hábitos y en la manera de relacionarnos que solemos adoptar. En las próximas líneas veremos de qué manera se puede combatir esta mentalidad de sacrificarlo todo por esa imagen idealizada y cómo ser uno mismo abrazando la propia identidad.

1. Reencuéntrate con tus aficiones

Hay que dejar que se desarrollen nuestras aficiones e intereses físicos e intelectuales. Las actividades que nos ocupan mucho tiempo no deberían obedecer principalmente a lo que los demás esperan de nosotros.

De no ser así, estaremos malgastando mucho potencial. No solo porque podríamos ser muy buenos en algo si ganamos experiencia en ello, sino porque estas actividades hechas por placer, aunque no lo parezca, pueden enriquecernos mucho culturalmente, pero no ganaremos tanto si son pasatiempos que no nos entusiasman y que realizamos por puro compromiso.

2. Rodéate de las personas con las que te sientes a gusto

Estar constantemente rodeados de gente que nos juzga negativamente ante la más mínima estridencia por nuestra parte es una mala decisión, dado que, nos demos cuenta o no, eso nos moldea a merced de sus expectativas.

Es mejor andar al encuentro de personas abiertas de mente, capaces de aceptar una idea tan simple como la siguiente: no hace falta que todo el mundo esté cortado por el mismo patrón.

Eso sí, hay que vigilar que este tipo de amistades confortables no terminen convirtiéndose en círculos sociales en los que todo el mundo piensa igual y sostiene la misma visión de las cosas. Eso no solo no es estimulante intelectualmente: nos hace menos razonables.

3. Acepta tus contradicciones

Nadie tiene una personalidad completamente consistente y definida. Las ambigüedades y la incertidumbre es lo que hace que no seamos totalmente previsibles. Es inevitable que ciertas situaciones produzcan tensiones en nosotros, que nos hagan dudar acerca de cuál es la opción que mejor nos representa, y que nos arrepintamos de ciertas decisiones pasadas. Eso no anula el hecho de que podamos comportarnos de manera auténtica, siendo fieles a nosotros mismos.

4. Abraza la comunicación asertiva

Si andamos ocultando constantemente lo que queremos y lo que nos interesa, eso nos terminará esclavizando. De nada sirve ser uno mismo cuando no hay nadie mirando; hay que apostar por la autenticidad prácticamente siempre.

5. Valora la honestidad

Ser franco con los demás puede costar al principio, pero suele generar un efecto en cadena; facilita que quienes nos rodean también sean honestos con nosotros. Por eso, apostar por la honestidad genera espacios en los que es mucho más sencillo ser uno mismo, y a la larga eso nos lleva a ser auténticos casi sin darnos cuenta de que estamos rompiendo todo tipo de límites que en el pasado llegaron a lastrar nuestra manera de socializar con los demás.

6. Desmitifica a los demás

Para dejar de intentar ser idealizado por los otros, hay que dejar de idealizarlos a ellos; nadie merece realizar todo tipo de sacrificios simplemente para agradarlos.

Conseguirlo es en parte una cuestión de trabajar la autoestima y darnos cuenta de que también nosotros, si quisiéramos, seríamos capaces de juzgar negativamente a los demás por todo tipo de motivos arbitrarios si quisiéramos, pero que podemos darnos cuenta de que eso no tiene ningún sentido y que, por consiguiente, alguien que hace eso con nosotros obedece a un criterio pobre de cómo son las personas.

Tomado de: https://psicologiaymente.com/personalidad/como-ser-yo-mismo

Autor: Arturo Torres