La tensión permaneció en Westeros; no con la grandilocuencia de Tyrion Lannister ni con el asombro que nos provocó el dragón Vermithor de Rhaenyra Targaryen. Esta vez fueron un niño escudero y un caballero de baja estirpe. Sin dragones que incendien ciudades ni conspiraciones que estrangulen reinos, A Knight of the Seven Kingdoms (El Caballero de los siete reinos) aterrizó como experimento medido dentro de la maquinaria de HBO. Seis episodios que el domingo 22 de febrero, recién pasado, terminaron con la temporada. Fue un torneo caballeresco menor, de presupuesto contenido pero con un ritmo que te deja verla de un tirón en un fin de semana. Esta nueva apuesta de G.R.R. Martin no promete una epopeya. Promete escala humana y ojalá lo mantengan en la segunda temporada. Y en esa reducción expone tanto sus grietas como su pulso medieval que te atrapa. Acá un análisis en cinco puntos de porqué ¡Tenés que verla!
I. Serie de prueba en territorio hostil (S1 EP 1 y 2)
Los dos primeros episodios operan como piloto extendido. Ritmo irregular, diálogos sin filo, humor escatológico que traiciona la atmósfera. Sir Duncan defeca cerca de la tumba de su mentor. Un pedo interrumpe un discurso sobre honor en pleno clímax. No es provocación lúcida; es inseguridad. La serie no necesita escupitajos para demostrar crudeza. Westeros ya es sucio sin subrayados fisiológicos. La producción luce contenida: locaciones cerradas, pocos extras, combates mínimos. Decisión estética o cálculo financiero. Ambas cosas pueden coexistir. Pero ignorando eso te irá bien, si es que no la has visto. Yo al menos, y pese a ello, pienso verla de nuevo este domingo.
II. Cuando el guión encuentra columna vertebral (S1 EP 3 - 6)
En el tercer episodio cambia el tono. El diálogo adquiere intención. Los antagonistas hablan con peso. Peter Claffey sostiene a Sir Duncan el Alto desde la ingenuidad obstinada. No interpreta a un héroe épico; encarna a un hombre de casta baja que cree en honor en un sistema que no recompensa mérito (sí muy parecido a una realidad cercana). El jovencísimo Dexter Sol Ansell dota a Egg de contención y sospecha, el niño lo hace muy bien en su personaje desde que aparece. La revelación de su identidad como un Targaryen confirma lo insinuado desde el inicio. La dupla funciona por contraste social, no por discurso político. Sobrevivir importa más que reformar el mundo. Sin títulos todos podemos ser amigos.
III. Lyonel Baratheon entiende el poder (¡un tipazo!)
Daniel Ings, conocido por su brillantez como Freddy Horniman el hermano inutil y loco en The Gentlemen (2019) y Sex Education (2019), compone a Sir Lyonel Baratheon con densidad poco frecuente en personajes secundarios. Libertino consciente, noble pragmático, un sujeto que sobreviviría en cualquier época de cualquier universo. En la escena del baile impone carisma sin grandilocuencia. Bajo el árbol confronta a Duncan y desmonta su culpa romántica: "nadie muere por ideales abstractos, muere por decisiones... ven vamos a embriagarnos", esto último no lo dice pero casi. Sin vender espejos rotos, Sir Lyonel entiende que poder y consecuencia son inseparables. No idealiza la nobleza; la asume.
IV. Westeros sin dragones, invierno, ni redención (igual de entretenida)
Ambientada 90 años antes de Game of Thrones (2011-2019), la serie no cuestiona el orden feudal. Lo retrata. Jerarquías rígidas, movilidad mínima, violencia como resultado de hipocresía aristocrática. Dunk mendiga respeto. Egg oculta sangre real. No hay revolución moral. Hay adaptación, la locura de la Casa Targaryen acecha en todos lados. La escala pequeña que vemos en esta serie reemplaza la geopolítica masiva de House of the Dragon (2022). A veces se siente íntima; a veces, limitada, pero no deja de robarte la atención. La serie es un "mientras viene la nueva temporada de House of Dragon".
V. Entre producto intermedio y acierto narrativo
La temporada adapta las novelas breves The Hedge Knight, The Sworn Sword y The Mystery Knight. El sexto episodio cierra un arco y abre el negocio. Renovación para 2027 chicos, acá hay sangre de dragón para rato. Estrategia evidente que no sorprende a nadie y que tampoco ofende. Sin embargo, los tres capítulos finales consolidan coherencia dramática. Serie interina entre grandes estrenos. Subproducto dentro del universo creado por George R. R. Martin, definitivamente es un ¡Tenés que verla!. Ignorada la escatología innecesaria, ofrece una historia caballeresca sólida, centrada en el hombre común de Poniente. No redefine la franquicia. La sostiene desde abajo, sin dragones, con tenacidad.
¡Sigamos hablando de cine!
@gabrielaranafuentes



