Si creciste en los 90 como yo y tu hambre por ver cine empezaba a despertar, Trainspotting te transportaba a otra dimensión, una que tiene drogas, sexo y rock and roll. La vi en la universidad donde empecé a formar mi tribu de amigos y ser cinéfilo. "Te va a encantar", me dijo mi amigo que me dio el VHS con todo y banda sonora.
La película, basada en el libro homónimo de Irving Welsh, tiene un inicio trepidante y retrata en pocos segundos el frenesí juvenil de aquella Escocia venida a menos. Una carrera por las calles de Edimburgo, donde unos tipos persiguen a dos drogadictos. De fondo suena Lust For Life del Dios del Punk Iggy Pop. Uno escapa y el otro es atropellado por un carro. Vemos el rostro desquiciado y eufórico de Mark Renton (Ewan Mcgregor).
El monólogo de Renton sobre elegir la vida, encierra la normalidad en un tono mundano, aburrido y propio de transitar en esta dimensión. Sin vida y con la luz de los ojos apagada, Renton justifica su propia inmersión en el mundo de las drogas y cómo no entenderlo.
La tribu
Renton tiene ¿amigos? Pues sí, una banda de delincuentes. Spud (Ewen Bremmer) un inútil, cursi y haragán que tal vez es el más ¿centrado?. Sick Boy (Jonny Lee Miller) un drogadicto y enfermo sexual. Tommy (Kevin McKidd) el chico bueno que cae duro, Begbi (Robert Carlyle) un psicópata con cuchillo y Diane (Kelly Macdonald) la chica audaz y novia de Renton.
El elenco muestra cómo se sobrevive en la marginal Escocia donde hay poco o casi nada para salir adelante. Escocia que es una de las naciones más grises de eso que se llama Reino Unido tuvo en los 80 una crisis de desindustralización, que significó el cierre de muchas fábricas de minería de carbón y astilleros que servían para la subsistencia de comunidades enteras. Como consecuencia de ello se disparó la criminalidad y los niveles de desempleo escalaron. El monólogo de Renton sobre ser escocés es provocativamente franco e incendiario. "¿Cómo se siente vivir en Guatemala?", fue el pensamiento que atravesó como balazo mi cabeza.
Escocia tuvo en los 80’s y 90’s esa textura de fracaso y miseria que Boyle retrató magistralmente.
Danny Boyle el de las imágenes oníricas y musicales
La concepción de Boyle en cuanto a cinematografía y secuencias es para chuparse los dedos. Entre el humor y lo asqueroso, Boyle hierra en nuestras mentes imágenes imposibles de escapar sobre ese submundo.
Escenas como la sumersión de Renton en el baño del bar con Deep Blue Day de Brain Eno sonando de fondo, es solo una de las clases sobre cinematografía que aprendimos en oa Universidad. La importancia de la música es vital para acompañar la crudeza de las imágenes.
El delirio de la desintoxicación como la expiación de nuestros pecados. La secuencia de imágenes con una lentitud agonizante en donde Renton se reúne con los fantasmas de su presente y recrea vivencias escalofriantes que regresan para atormentarle su sueño. De fondo la electrónica punzante de Dark And Long - Dark Train de Underworld. La pesadilla esquizofrénica de ver caminar a un bebé por el techo, el sudor frío que empapa la almohada. Los alaridos que no van a ningún lado provocan despertares de síncope que golpean como un espasmo entre el silencio y el sueño. Una secuencia así de espeluznante como imborrable.
El surrealismo de hundirte en el piso luego de una sobredosis mientras de fondo suena una de las canciones emblemáticas del Transformer de Lou Reed. Perfect Day, una balada que pinta de colores el vacío y lo eleva al romanticismo más puro. You make me forget myself / I Thought I was someone else / Someone good.
Y claro Born Slippy de Underworld que sonó hasta el cansancio, no aquí en Guatemala al menos, en las fiestas, en los Raves. A pesar de su connotación negativa por ser una película que habla de drogas su ubicación entre el catártico final y los créditos es el más optimista. Ese beat es reconocible entre cualquier tribu. La oyes y te transporta a la película, a otro tiempo a otro estado mental y a una complicidad; éste es el verdadero poder entre la música y el cine.
Una banda sonora legendaria
Trainspotting no puede ser comentada sin su banda sonora como ya lo vimos. La estridencia del tecno lisérgico de Underworld así como las joyas de Brian Eno, Iggy Pop y Lou Reed. Pero también hay Blur con Sing y Pulp con Mile End. Tanto Blur como Pulp se convirtieron bandas insignes que explotaron el britt pop de los 90.
Cada una de las canciones tiene una parte importante y vital en la narración que Boyle construyó para retratar una juventud decadente que anida en la estridencia de la noche y los clubes. Hay pocas bandas sonoras que tienen ese protagonismo tan definitivo en una película. Esta es una de ellas.
A 30 años de Trainspotting
Por sus tres décadas será estrenada con una versión remasterizada en varios países el próximo 20 de agosto y así, celebrar una de las películas de culto seminales del cine británico.
Welsh escribió 4 libros más sobre esta banda de desadaptados, Porno (2002), Skagboys (2012), The Blade Artist (2016) y Men in Love (2025) que exploraron el antes y después de los personajes. También se hizo Trainspotting 2 en el 2017 con críticas mixtas, más por nostalgia que por necesidad.
Mcgregor, Miller, Bremer, Carlyle, McKidd y MacDonald encontraron el éxito en los siguientes años con películas y series de televisión. Danny Boyle se consolidó como directores ingleses más importantes.
Vi la película tres veces ese día, porque entendí que otra clase de cine había tomado el mando y que la inocencia de los 80 se había cerrado de un portazo. Que la música y en especial el rock cuando se combina con el cine se convierten en un eco trascendental. Que Iggy Pop es rebeldía vital y Lou Reed es inmortal.
Si no la has visto, te envidio, quisiera tener esa primera vez y la podés ver en Prime Video.




