La tragedia del volcán de Fuego, ocurrida el 3 de junio de 2018, es uno de los desastres naturales más devastadores en la historia reciente de Guatemala, provocando un cifra oficial de 201 muertes, 229 desaparecidos y más de 1.7 millones de personas afectadas.
La actividad volcánica del coloso de cerca de 4 mil metros de altura se transformó en catástrofe cuando masivos flujos piroclásticos (nubes ardientes de gas, ceniza y rocas a altísimas temperaturas) descendieron a gran velocidad por las barrancas del volcán, sepultando comunidades como San Miguel Los Lotes y El Rodeo en el departamento de Escuintla.
La tragedia del 3 de junio de 2018 fue la erupción más violenta del Volcán de Fuego en Guatemala desde 1974.
La actividad volcánica dio inicio en las primeras horas de ese domingo, y aunque sorprendió a pobladores y se convirtió en noticia internacional en pocas horas por las altas columnas de material volcánico, la evacuación de los pobladores de áreas aledañas no fue oportuna.
Lecciones aprendidas y mejoras
- Sistemas de Alerta Temprana (SAT): Se evidenció la necesidad de mejorar y tecnificar el monitoreo del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) para emitir avisos claros con suficiente tiempo de ventaja.
- Planes de evacuación: Se reforzó la importancia de realizar simulacros constantes con las poblaciones de riesgo, ya que vivir cerca de un coloso requiere protocolos estrictos y una cultura de prevención.
- Coordinación institucional: La emergencia marcó un antes y un después en la coordinación entre la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED) y las autoridades locales para ejecutar evacuaciones preventivas oportunas.
- Gestión de riesgos: Se reconoció el peligro subestimado de los lahares (lodo y escombros) y la necesidad de prohibir permanentemente asentamientos en zonas de alto riesgo geológico.






















