Los blockbusters actuales insisten en psicoanalizar al villano hasta justificar sus traumas infantiles mientras el héroe intenta dialogar antes de lanzar el primer golpe y esta cinta es una crítica de eso, de manera sutil, pero crítica.
@gabrielaranafuentes Muchos en internet dicen que la nueva película de Masters of the Universe es "woke", pero se equivocan. La adaptación de Travis Knight con Nicholas Galitzine es en realidad una sátira a la actual epidemia de Hollywood donde los héroes intentan dialogar y psicoanalizar al villano en lugar de pelear. Una cinta llena de color, estética ochentera, sin sobrexplicaciones aburridas y con un Skeletor que CASI vale la pena. ¡Ah! Y quédense porque hay TRES escenas extra. ¿Ya la viste? ¿Qué te pareció? 👇 Lee la columna completa en el link de los comentarios, solo por @emisorasunidas897 #MastersOfTheUniverse #HeMan #NicholasGalitzine #Skeletor #CineGeek #CriticaDeCine #PeliculasRecomendadas #EstrenosDeCine #CulturaPop #CineContemporaneo #gabrielarana #tenesqueverla
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La nueva adaptación de Masters of the Universe lanza un espadazo sobre esa tendencia y lejos de funcionar como el panfleto progresista -que la miopía de internet señala en redes- el proyecto de Travis Knight opera como una sátira leve -sí, pudo ser caústica, pero no lo fue, debo insistir-. En esta cinta vemos al Príncipe Adam recibir una paliza tras otra frente a la villanía, el guión demuestra que la diplomacia tiene un límite infranqueable cuando se enfrenta a la violencia real. La diferencia es que Adam/He-Man tiene el poder de sobrellevar esas palizas, nosotros... no tanto.
Aquí no existen grises morales, porque es una película PG-13. La obra abraza su clasificación y su humor adolescente sin pedir disculpas. Nicholas Galitzine encarna a un protagonista que al principio es un mediador de Recursos Humanos que viaja a una zona de guerra en Eternia. Ese es el chiste.
Su inocencia torpe resulta genuina y la transición hacia la brutalidad necesaria se percibe completamente orgánica, el mano a mano con Trap Jaw y con Skeltor lo demuestra. Surge un eco innegable a la dinámica clásica de Superman. Hablamos de individuos fundamentalmente buenos obligados por un entorno hostil a recurrir a la fuerza física como último recurso desesperado, y siempre, siempre, se frenan.
El ensamble actoral comprende a la perfección el terreno que pisa y mastica el tono ochentero con un deleite evidente. Todos los actores disfrutaron de sus personajes. Nadie intenta elevar el material hacia el drama shakesperiano o la solemnidad artificial. Juegan con las reglas de la caricatura y triunfan al tomarse en serio la ridiculez inherente de su propio universo: aves y tigres parlanchines... y se ríen de sí mismos.
El machete contra la sobrexplicación
La decisión más subversiva del montaje radica en sus omisiones deliberadas. En una industria asfixiada por montajes aburridos que detallan hasta el último trauma generacional de los personajes haciéndolos más aburridos, esta cinta elige la amputación de subtramas. Los baches narrativos existen y operan a favor del ritmo. No presenciamos un tedioso proceso de adaptación de Adam a la Tierra, menos a Eternia. Carecemos del pasado trágico de Skeletor o de un preludio exhaustivo sobre la burocracia de los reyes de Eternia o quién crió en la Tierra a Adam. Desarrollar cada detalle sepultaría la fluidez bajo el peso de la exposición innecesaria. La edición recorta y sacrifica la progresión lineal tradicional para mantener la maquinaria en movimiento constante: el fin es ser una cinta familiar. Sí me hubiera gustado verlo, que no quepa duda, pero no me rasgo las vestiduras por su ausencia.
El triunfo del color sobre la oscuridad
El planeta Eternia brilla en la pantalla con los tonos idénticos, o muy parecidos, de la animación televisiva original. Los descampados y las tomas abiertas de tierras yermas moradas, rojas agresivas y ocres extremos sobre el horizonte. Esta saturación cromática representa un capricho nostálgico diseñado para regresar a la estética de la animación, un poco LSD si me lo preguntan.
El diseño de producción entiende que la saturación es otra forma de agresión sensorial. Mientras otras producciones esconden sus carencias bajo sombras y filtros grises, aquí la luz expone árboles rojos y luces neón con una claridad desafiante. Esa honestidad visual refuerza la tesis narrativa.
Al final el enfrentamiento físico reafirma el núcleo temático del largometraje. A veces sentarse a hablar resulta inútil. A veces el enemigo no busca ser comprendido ni anhela redención alguna, solo disfruta ser el villano.
Skeletor pudo ser más chistoso, sin duda, pero hubo un par que me hicieron carcajearme y ya tengo de sticker, hay mucho easter egg, un cameo y tres escenas extra. ¡Tenés que verla!
@gabrielaranafuentes





