Más de 130 años después de un doble asesinato que conmocionó a Estados Unidos, el nombre de Lizzie Borden continúa rodeado de interrogantes. Su padre y su madrastra fueron asesinados brutalmente en la casa familiar en Massachusetts y todas las miradas terminaron concentrándose sobre ella.
Lizzie fue arrestada, llevada ante un tribunal y posteriormente absuelta. Sin embargo, el crimen nunca fue resuelto y una popular rima infantil ayudó a convertirla en una de las figuras más inquietantes del imaginario estadounidense.
Ahora su historia vuelve a estar bajo los reflectores gracias a "Monster: The Lizzie Borden Story", cuarta entrega de la antología de Ryan Murphy e Ian Brennan, estrenada el 17 de septiembre en Netflix y protagonizada por Ella Beatty.
Pero ¿quién fue realmente Lizzie Borden y qué ocurrió aquella mañana de 1892?
¿Quién fue Lizzie Borden?
Lizzie Andrew Borden nació en 1860 en Fall River, Massachusetts. Era la hija menor de Andrew Borden y Sarah Anthony. Su madre murió cuando ella tenía pocos años y su padre contrajo matrimonio posteriormente con Abby Durfee Gray.
La familia tenía una posición económica privilegiada. Andrew había trabajado en la fabricación de muebles y ataúdes, pero incrementó considerablemente su patrimonio mediante inversiones inmobiliarias y también ocupó puestos importantes en empresas y entidades financieras.
Pese a tener dinero, Andrew llevaba una vida austera. La familia vivía en una casa de Fall River que, aunque confortable, estaba lejos de los sectores donde residían las familias más adineradas de la ciudad. Aquella vivienda continúa en pie y actualmente funciona como alojamiento y atractivo relacionado con el famoso caso.
Lizzie, por su parte, llevaba una vida muy vinculada a la religión. Participaba activamente en su iglesia, impartía clases en la escuela dominical y formaba parte de organizaciones religiosas y sociales.
Detrás de aquella imagen respetable, sin embargo, existían fuertes tensiones familiares.
La complicada relación con su madrastra
Lizzie y su hermana mayor, Emma, no mantenían una buena relación con Abby.
De acuerdo con los relatos históricos, ambas sospechaban que su madrastra se había casado con Andrew por interés económico y existían disputas por la ayuda financiera que su padre entregaba a familiares de Abby.
Las tensiones se habían intensificado poco antes de los asesinatos. Y entonces llegó el 4 de agosto de 1892.
El día que cambió la historia de Lizzie Borden
Aquella mañana, Andrew Borden salió de su casa para atender algunos asuntos.
En la vivienda permanecieron Abby, Lizzie y la empleada doméstica Bridget "Maggie" Sullivan.
En algún momento de la mañana, Abby subió al piso superior. Allí fue atacada y asesinada. El material histórico citado por CNN señala que recibió 18 golpes. La conocida rima que posteriormente popularizó el caso exageró considerablemente la cantidad.
Andrew regresó aproximadamente a las 10:30 de la mañana. Según la reconstrucción del caso, preguntó por su esposa y Lizzie le habría respondido que había salido para visitar a una amiga enferma.
Poco después se recostó en un sofá. Alrededor de las 11:10 de la mañana, Bridget Sullivan escuchó los gritos de Lizzie alertándola de que su padre estaba muerto.
Andrew había sido atacado violentamente mientras permanecía en el sofá. Recibió entre 10 y 11 golpes y las heridas fueron tan graves que su rostro quedó prácticamente irreconocible.
La búsqueda de Abby condujo posteriormente al descubrimiento de su cuerpo en el segundo piso.
Había muerto antes que su esposo. Dos integrantes de la misma familia habían sido asesinados en cuestión de horas.
¿Por qué sospecharon de Lizzie?
La investigación rápidamente comenzó a concentrarse en Lizzie.
Ella aseguró que cuando su padre fue asesinado se encontraba fuera de la vivienda, concretamente en un cobertizo ubicado en la parte posterior, y afirmó no haber escuchado nada extraño.
También sostuvo que Abby había recibido una nota de una amiga enferma solicitándole que fuera a visitarla. Sin embargo, aquella nota nunca apareció.
Los investigadores encontraron en el sótano la cabeza de un hacha cuyo mango estaba roto. No obstante, posteriormente surgiría un problema fundamental: no se pudo demostrar que aquella fuera el arma utilizada en los asesinatos.
Las declaraciones de Lizzie tampoco ayudaron a despejar las sospechas. Durante una audiencia ofreció diferentes versiones sobre dónde había estado y qué había hecho durante algunos momentos clave de aquella mañana. Ella atribuyó sus respuestas confusas a la morfina que le habían recetado para controlar sus nervios.
Otro detalle llamó la atención de las autoridades. Un día antes de los asesinatos, Lizzie había intentado comprar ácido cianhídrico en una farmacia. Durante el juicio, su defensa sostuvo que pretendía utilizarlo para limpiar prendas de piel.
Lizzie Borden fue arrestada
El 11 de agosto de 1892, apenas una semana después de los asesinatos, las autoridades emitieron una orden de arresto contra Lizzie.
El caso se convirtió rápidamente en un fenómeno mediático. Una mujer de una familia respetada, activa en la iglesia y perteneciente a la sociedad de Fall River era acusada de uno de los crímenes más violentos de la época.
En diciembre de ese año fue formalmente acusada de los asesinatos de Andrew y Abby Borden. Su juicio comenzó el 5 de junio de 1893.
La fiscalía enfrentaba un problema considerable: no contaba con evidencia física suficientemente sólida que vinculara directamente a Lizzie con los asesinatos.
No se pudo demostrar que el hacha encontrada en la propiedad fuera el arma homicida y tampoco se pudo establecer con precisión dónde estaba Lizzie en el momento de los ataques.
Tras semanas de testimonios y enorme atención pública, el caso quedó en manos de un jurado compuesto exclusivamente por hombres.
Necesitaron aproximadamente 40 minutos para alcanzar un veredicto. Lizzie Borden fue declarada no culpable.
Nunca volvió a ser juzgada por los asesinatos. Tampoco otra persona fue condenada por las muertes de Andrew y Abby. Así comenzó un misterio que permanece abierto más de un siglo después.




