El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó la imposición de nuevas sanciones contra Cuba con el objetivo de incrementar la presión sobre el gobierno de la isla, al que considera una "amenaza extraordinaria" para la seguridad nacional estadounidense.
Las medidas, oficializadas mediante un decreto presidencial, apuntan a bancos extranjeros que mantengan vínculos con La Habana e incluyen nuevas restricciones migratorias, en un contexto marcado por la crisis económica que atraviesa el país caribeño. Washington refuerza así su política de presión, que se suma al embargo vigente desde 1962 y a recientes limitaciones al suministro de petróleo.
Desde Florida, Trump elevó el tono al sugerir que un portaaviones estadounidense podría posicionarse a escasa distancia de la isla, en una declaración que intensifica la tensión bilateral.
Anuncio coincidió con las celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores
El anuncio coincidió con las celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores en La Habana, donde miles de personas participaron en un desfile frente a la embajada estadounidense. Al acto asistieron figuras como Raúl Castro y el presidente Miguel Díaz-Canel, en una jornada marcada por consignas de defensa nacional.
Desde el gobierno cubano, la respuesta fue inmediata. Díaz-Canel calificó el endurecimiento de las sanciones como un "bloqueo genocida" y denunció la política de Washington como intimidatoria y carente de justificación. En la misma línea, el canciller Bruno Rodríguez aseguró que las medidas constituyen "un castigo colectivo" contra el pueblo cubano.
El cruce de declaraciones refleja un nuevo episodio de escalada entre ambos países, en medio de un escenario internacional tenso y con escasas señales de acercamiento diplomático.



