Nota de EU89.7
Necesitamos un modelo de desarrollo y de país contra la corrupción, opinan analistas

Es necesaria la participación social para erradicarla.

Cuál es el panorama que se vive en el país respecto de la lucha contra la corrupción. Ayer el presidente del Comité Coordinador de Asociaciones Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), Marco Augusto Noriega, dijo que en Guatemala hay una intervención financiada de buena fe por la comunidad internacional.

Sin embargo, agregó que esa intervención “ha traído polarización al país”, e insistió en que la lucha contra la corrupción se desvió de lo legal a lo ideológico. Sus declaraciones se dieron en el marco del Encuentro Empresarial, paralelo a la XXVI Cumbre Iberoamericana que se desarrolla en Antigua Guatemala, Sacatepéquez.

Edgar Ortiz, abogado, analista político, catedrático universitario y director del área jurídica de la Fundación Libertad y Desarrollo, afirma que “la corrupción es el inicio de un fallo inicial, es el uso de un poder conferido para un deber específico”.

Empero, expresó que para que eso cambie, hay que cambiar otras cosas. “El fallo es que se abanderó la lucha contra la corrupción a través de lo judicial, que es bueno, pero nunca surgieron liderazgos políticos que dijeran que iban a abanderar el rol contra la corrupción… lo que tuvimos fue una clase política que se atrincheró, lejos de hace reformas legales”.

“La primavera si nos marchitó”, opina Carlos Bezares, abogado constitucionalista. “Si volvemos al año 2014, para entonces ya teníamos una pesadilla común. De lo que estoy convencido es que Guatemala, para poder salir adelante, necesita de un sueño común que nos haga dialogar a las diferentes elites al país y coincidir en puntos comunes”.

Agrega: “Hay por lo menos tres grandes áreas: Primero, con los niveles de desnutrición que tenemos (48%) no podemos salir adelante; hay que fortalecer la salud. Segundo, necesitamos un proyecto educativo de largo alito; un tercero, hay que trabajar por un país productivo. En suma, hay bque discutir un modelo de desarrollo nacional. No podemos seguir a ciegas”.

Hugo Peña, analista político, asesor de estrategias políticas y de manejo de crisis, va más allá. “La corrupción no es el mayor problema del país. Tener empresarios y funcionarios con una cultura democrática de la corrupción es un mal que nos arrastra a todos”.

“Se necesita de voluntad política de una clase civil, de una clase social, de todos los guatemaltecos, para que con nuestras actitudes podamos hacer las cosas de manera correcta… si como ciudadanos no tratamos de comenzar desde la casa, desde la escuela, una cultura anticorrupción, es decir. Prevenir hoy, vamos a seguir con gobiernos sin controles”, agrega.

Y concluye: “En la cárcel del Zavala están los que se terminaron de equivocar. Los corruptos son otros, son los que manejan los hilos de la corrupción desde fuera”.

¿Qué modelo de país deben construir los guatemaltecos?

Estos tres expertos fueron invitados por el programa A Primera Hora para analizar las causas de la corrupción, los escenarios que se mancan en la actualidad para combatirla, y lo que se espera en el país si no se aterriza, respecto de cuál es el modelo que debería seguirse para lograr una mejor Guatemala.

ÉDGAR ORTIZ

Hay un compromiso moral de la gente de compromiso en el combate a la corrupción. Pero más que eso, no nadie está en favor de la corrupción.

En 2016 cuando se planteo una reforma de la justicia, para quitar el poder a algunos sectores de poner fiscales, de controlar el Estado, que es el verdadero cáncer de corrupción,, la clase política se atrincheró.

En 2018 ya es difícil. El fallo está en la clase política. Si hubiéramos tenido políticos valientes en 2016, no tuviéramos los problemas de hoy. Quienes controlan la corrupción en el país, son  los que tienen la capacidad de controlar el Estado.

En las elecciones generales del 2019, según las encuestas, el tema de la corrupción no será el tema central de campaña. El tema económico ha llegado a extremos alarmantes. La infraestructura vial ha ganado importancia. No es que la corrupción no vaya a importar, pero no será tema de campaña; será tema secundario.

La clave para que la lucha anticorrupción tenga futuro es que el candidato sepa reinventarse y tenga una solución a los problemas inmediatos. En otras condiciones, el año que viene, cualquier persona puede ganar la presidencia.

Hay que entender que la Cicig no lo es todo. Ha sido un elemento fundamental contra la corrupción, cierto; pero tiene que evolucionar. A nosotros nos corresponde decidir qué país queremos. Estamos en un punto de inflexión.

El mundo va a mil por hora no podemos quedarnos en el subdesarrollo y el retraso. Si no somos capaces, en el ambiente electoral, de definir qué país queremos y ponernos de acuerdo en lo mínimo, en cinco puntos mínimos, vamos a seguir peor.

CARLOS BEZARES

Una cuestión es la reacción del estado, en tanto la persecución penal de la corrupción, y otra las reformas para que la situación no se vuelva a repetir. Luego, se necesita un marco jurídico que depende de los legisladores, y por último hay que lograr la prevención para eliminar la cultura de la corrupción.

La tesis fundamental de Cicig es que el Estado se encuentra cooptado por diferentes grupos de poder con diferentes intereses, y una cosa de fondo: la corrupción es el mal endémico del guatemalteco.

Antes la manera de acceder al poder estaba ligado al financiamiento ilícito, era un financiamiento por aspectos ideológicos; el crimen organizado financiaba a los partidos para promover un estado de seguridad que no persiguiera ese tipo de crimen. En esa amalgama, la manera de hacer política en Guatemala no dependía de liderazgos, dependía de quién pagara por la casilla.

Eso no cambió en 2015 a quienes se encargó la tarea de reformar la legislación, las condiciones no estaban dadas. Legislaron dependiendo de su posición y del status quo.

El asunto principal es que no se conformaron con defender el status quo, sino que, además, nos están metiendo en procesos legislativos peores: Eliminar al acorte de Constitucionalidad, sacar al Procurador de los Derechos Humanos y hacer cambios en la Contraloría.

Es decir; todos los organismos de control que le son molestos, están intentando expulsarlos. El riesgo es tener en el futuro un poder absoluto sin control.

En 2016, los diputados tuvieron toda la oportunidad de hacer cambios; por el contrario, se escondieron en lugar de defender las cosas como se debieron trabajar. Lo que le queda a la población es hacerse escuchar a través de distintas acciones y, castigarlos en la elección del 2019. Eso puede variar la historia del país.

El proceso próximo electoral tendrá un componente racional, pero la política tiene un sentimiento: Es emotiva. Los candidatos se dirigen a la inteligencia emocional, tristemente es así. Quien sepa cómo hacer las cosas para mejorar puede avanzar, pero temo que va a ganar el que sepa ganar el corazón al votante.

HUGO PEÑA

El problema de la lucha contra la corrupción es que se ha convertido en un discurso. Ha servido, no para combatir a la corrupción per se, porque el nivel de impunidad en el país no ha bajado; se mantiene en 98 por ciento por la ausencia de castigo.

La lucha se ha generalizado en temas de opinión pública, y cuando se convierte en la gobernanza del país, no hay nada que sirva para que la lucha contra la corrupción continúe de manera efectiva y real.

No hay que olvidarse de que la corrupción no es el mayor problema del país. La corrupción es un sistema de gente organizada. Hay que crear un sistema de anticorrupción organizada, con cruces… el poder no se hizo para quedar bien. Se hizo para aplicarse, para ejercerse, para decidir.

Necesitamos tener dirigentes en sectores que generen ejemplo para que la sociedad, que los puedan seguir. El problema es que no tenemos liderazgos. No están porque el último partido que se dedicó formar cuadros fue la Democracia Cristiana.

Mientras no reformemos la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), mientras no entendamos que la participación ciudadana se construye en un partido, en la no formación de derechos, en inculcar a la gente el valor que significa ser guatemaltecos; mientras no entendamos que lo más importantes de la posición geopolítica y geoestratégica del país debería servir para protegernos, las cosas no van a cambiar.

Hoy tenemos 26 partidos habilitados por el Tribunal Supremo Electoral (TSE); pero la mayoría tienen dueño. Por eso hacen lo que les da la gana… y el dueño decide con quién sale como candidato. ¡Así no es el asunto..!

Por ejemplo, Honduras no tiene los talentos que tiene Guatemala, pero sí tiene los partidos que necesita: el Liberal y el Nacional, con 100 años de competencia… ambos tienen elecciones primarias. No importa que no estén bien, pero el sistema está definido en competitividad. Por eso en Guatemala los outsiders tienen la oportunidad ser electos.

Guatemala se encuentra en el abismo y esta sociedad tenemos que levantarla juntos. Si no, vamos a seguir construyendo una sociedad conservadora, no renovadora.

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