Nota de EU89.7

El Martes Santo fue complicado para Jesús, según las escrituras.

Muchos esperan la Semana Santa como un espacio vacacionar; sin embargo, otros la utilizan para reflexionar espiritualmente y conocer qué es lo que realmente ocurrió en ese tiempo en que se conmemora la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

De ahí que la importancia del Martes Santo no sea fácil de comprender. Las sagradas escrituras describen que, en un sólo día, Jesús condenó a las autoridades religiosas de su época, al tiempo que confirmaba su deidad.

De hecho, la purificación del Templo, el Lunes Santo, significó que los Fariseos cuestionaran la autoridad de Jesús para hacer esas cosas.

El Martes Santo aumentaron las conspiraciones para atrapar a Jesús. Los líderes religiosos de Israel tenían un sólo objetivo: deshacerse de Jesús de Nazaret.

Así que los Fariseos,—quienes se oponían a Roma y a su intromisión en el estilo de vida judío—y los herodianos, partidarios de Herodes el Grande, unieron sus fuerzas. Esta vez Jesús no permaneció en silencio.

Jesús le recordó a los Fariseos y a los herodianos que una esfera de la autoridad le pertenece a Dios. El hombre tiene responsabilidades tanto en asuntos políticos como espirituales.

También les respecto de la venida del Mesías, del linaje de David. Contrario a la afirmación de los Fariseos de que Él era un hijo humano de David, Jesús citó el Salmo 110:1 en el que David le atribuye deidad.

En Martes Santo Jesús advirtió a las multitudes y a los discípulos acerca de la hipocresía e incredulidad de los líderes religiosos de la nación. Además, pronunció siete condenaciones refiriéndose a la religión falsa que era aborrecible para Dios.

Cuando un intérprete de la ley de Moisés fue enviado a preguntarle a Jesús acerca de El Gran Mandamiento, Jesús resumió los Diez Mandamientos en dos: Amar a Dios y amar al prójimo que está hecho a imagen de Dios.