La reciente escasez de preservativos en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina ha encendido el debate sobre la planificación sanitaria en los grandes eventos deportivos. En apenas setenta y dos horas se agotaron los 10.000 preservativos distribuidos en las villas olímpicas, una cifra que quedó corta frente a la demanda real. La rapidez con la que desaparecieron los insumos sorprendió tanto a deportistas como a organizadores y puso en evidencia que las previsiones no estuvieron alineadas con la dinámica social que tradicionalmente acompaña a estas competencias.
La diferencia con otras ediciones resulta llamativa. En los Juegos Olímpicos de París se repartieron alrededor de 300.000 preservativos, lo que equivalía a varios por atleta cada día. Esa comparación ha intensificado las críticas hacia la organización actual, ya que la entrega de preservativos no es un gesto simbólico, sino una política de salud pública consolidada desde finales del siglo XX. Su propósito es claro: promover la prevención de infecciones de transmisión sexual y fomentar la responsabilidad entre miles de jóvenes que conviven durante semanas bajo un mismo techo.
Sin preservativos en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026
Desde Juegos Olímpicos de Seúl, la distribución gratuita de preservativos forma parte de la estrategia preventiva del movimiento olímpico. Con el paso de los años, esta práctica se convirtió en un componente habitual de la logística de las villas, donde la intensa convivencia, la euforia competitiva y la juventud de muchos atletas generan un entorno social particularmente activo. Por ello, la reducción en la cantidad disponible este año ha sido interpretada por expertos como una subestimación de un fenómeno ampliamente documentado.
La situación no solo ha tenido repercusión dentro de las instalaciones deportivas, sino también en el entorno urbano de las sedes. Diversos análisis de mercado han detectado un aumento en la oferta de servicios de acompañamiento en ciudades anfitrionas como Milán y Cortina d’Ampezzo durante los primeros días de competencia. Este incremento estaría más vinculado a la llegada de patrocinadores, delegaciones y periodistas que a los propios atletas, aunque ilustra el impacto social y económico que un evento de esta magnitud puede generar en las comunidades locales.

