A casi 20 años del estreno de El diablo viste a la moda, una confesión de Emily Blunt ha vuelto a poner en conversación el impacto que tuvo trabajar junto a Meryl Streep. La actriz británica recordó que durante el rodaje original llegó a sentirse intimidada por la intensidad con la que su compañera interpretaba a Miranda Priestly.
La revelación se dio en una reciente entrevista en la que el elenco de la secuela se reunió para hablar sobre la evolución de sus personajes. En ese espacio, Blunt fue directa: confesó que en la primera película estaba "bastante asustada" debido a la forma en que Streep se mantenía completamente concentrada en su papel.
Lejos de tratarse de una actitud personal, todo respondía a un método actoral de la famosa. Según explicó la propia Streep, su decisión de mantener cierta distancia en el set era intencional.
La actriz buscaba construir la autoridad de su personaje, una editora exigente y poderosa dentro del mundo de la moda, por lo que optó por no integrarse completamente al ambiente relajado del equipo. Blunt describió este comportamiento como estar en una "zona Miranda", en la que la actriz permanecía enfocada y poco expresiva fuera de escena.
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Aunque no era inaccesible, sí existía una barrera que hacía que la interacción no fuera tan natural como con otros compañeros. Esa intensidad, aunque efectiva en pantalla, generaba nervios en quienes compartían escenas con ella.
Este enfoque no es nuevo en la carrera de Streep. Reconocida por su disciplina y versatilidad, la actriz ha construido personajes memorables gracias a su capacidad de inmersión total.
En el caso de Miranda Priestly, ese nivel de compromiso ayudó a consolidar uno de los roles más emblemáticos del cine moderno, que incluso le valió nominaciones a importantes premios. El contexto de esta confesión coincide con el estreno de El diablo viste a la moda 2, que marca el regreso del elenco original.



