En el caso de Scrubs, regresó con 9 capítulos, que pueden verse en la plataforma de Disney. La comedia hospitalaria nos dejó en el 2010 después de 189 capítulos y con temporadas donde los personajes aparecían poco, en especial el de su protagonista principal John Dorian protagonizado por Zach Braff.
Con 25 capítulos anuales los protagonistas se "quemaron", tanto por la exposición como las largas jornadas de filmación. Para Braff, las inquietud de escribir guiones y dirigir, se convirtió lentamente en el nuevo foco de atención luego de dirigir varios episodios de Scrubs. El fin era necesario. La cadena ABC apostó por la serie con una nueva promoción y con papeles recurrentes de la serie original pero los diálogos era aburridos y carecía de la chispa original. Su productor, Bill Lawrence, optó por enterrar la serie.
En el caso de Malcolm fueron 151 episodios en total. Tuvo la mala suerte que FOX ya estaba harto de la familia disfuncional número uno de la televisión y quería nuevos productos y otras series.
La séptima temporada fue la vencida y la cadena nunca anuncio una temporada final. El hachazo dejó al elenco descompuesto.
Refritos de grandes quilates
El anuncio del "refrito" de Scrubs se veía venir luego de un sin número de comerciales de T-Mobile donde incluía a Zach Braff y a Donald Faison. La química y el humor de ambos era columna vertebral de la serie. Braff y Faison anunciaron en sus redes sociales un podcast sobre los años dorados de Scrubs y, de pronto, la pregunta a su creador Bill Lawrence sobre un posible regreso era recurrente.
Lawrence por su parte escaló con la producción de la comedia Cougar Town en el 2009. Tocó el cielo con Ted Lasso y como si fuera poco se anotó otro gran éxito con Shrinking y hoy está con Rooster con Steve Carell que fue estrenada hace unos meses en la plataforma de HBOMAX. Así que cuando se le presentó la opción de revivir Scrubs, la nostalgia y el deseo de regresar a trabajar con Zach y Donald lo atacó y sin pensarlo, este Rey Midas de la producción, dijo que sí. Sin embargo, la idea de 25 capítulos al año no era lo ideal para nadie. Con nueve son suficientes para una temporada. La respuesta de los fanáticos fue tal que ya se cocina la segunda temporada.
En el caso de Malcolm fue un sketch que Cranston y Jane Kaczmarek que realizaron como un final alterno a la inmensa Breaking Bad, la que encendió una posible reunión. Sin embargo el cargado cronograma de Cranston y Frankie Muñiz tiene en pausa una segunda temporada.
Aunque solo se anunciaron cuatro episodios, Malcolm se estrenó con grandísima expectativa y mucha ilusión pese a que Erik Per Sullivan, quien interpreta a Dewey, declinó su participación, aduciendo que su etapa como actor ya había terminado.
De regreso al Sagrado Corazón
La trama gira en torno a JD, quien atraviesa por una crisis personal. El divorcio con Elliot lo tiene inestable y en un arranque de nostalgia regresa al hospital y reunirse con su mentor el ácido Perry Cox interpretado por John C. McGinley. Perry le pide a su antiguo estudiante que acepte el trabajo como administrador a pesar que Elliot trabaja en el "Sagrado Corazón". Una de las dinámicas que más llamó la atención de la serie era la relación entre mentor y estudiante, Perry y JD. Sin embargo McGinley no pudo aparecer en más episodios ya que coincidieron con las grabaciones de Rooster en donde tiene un personaje principal.
A pesar de la desconfianza de un refrito, el relanzamiento conserva el humor que la hizo famosa. La poca cantidad de episodios hace que las situaciones y reflexiones sean maduras y coherentes con la edad de los personajes. Esto demuestra mucho potencial para que la serie vaya desdoblándose con pocos episodios pero bien producidos y bien escritos.
La vida sigue siendo injusta
Ahora Malcolm, un padre y exitoso empresario, nos cuenta cómo logró la paz mental que tanto anhelaba. Su paz es interrumpida con la invitación de la celebración del 40 aniversario de casados de sus padres.
La serie mantiene ese imán irresistible de disfuncionalidad y humor miserable que te retuerce de risa. Esto hace pensar que la serie aún conserva su frescura y abre la puerta a potenciales líneas narrativas. Pero lo que más alegra es regresar a ser parte de la familia Wilkerson.
Ambas series abren una puerta nostálgica, a las tardes después del trabajo o la universidad en donde sentarse a reírse un momento y descansar de la rutina era vital para sobrevivir otro día. El regreso de estas importantes comedias que fueron vitales en nuestro crecimiento hacia la adultez, nos hace reflexionar con sus nuevas historias, y de pronto, nos invita a una comparación sana de quiénes fuimos, quiénes somos y a dónde vamos.
Es decir, si "la vida sigue siendo injusta" y no hay nada qué se pueda hacer lo único que puedo decir es: "No soy Superman".





