La preocupación por las enfermedades pulmonares se intensificó tras la pandemia, llevando a la sociedad a poner un mayor énfasis en la prevención y la vacunación contra la influenza. Actualmente en Guatemala, el índice de positividad supera el 50 por ciento entre los virus respiratorios circulantes, siendo el subtipo predominante el H3N2, clasificado como influenza tipo A.
La influenza tipo A, a diferencia de la influenza B, posee la capacidad de provocar pandemias eventualmente debido a su alta variabilidad y facilidad de mutación. Esto lleva a las autoridades sanitarias a mantener vigilancia constante tanto de los subtipos de influenza A -como el H1N1 y H3N2 que circulan en el país- como de la influenza B.
El contagio de la influenza, al ser un virus respiratorio, ocurre fácilmente, por lo que las recomendaciones giran en torno a las medidas preventivas y la vacunación, especialmente en grupos vulnerables. En ese contexto, el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) continúa con las acciones de vigilancia y aplicación de medidas de prevención para proteger a la ciudadanía.
La doctora María del Mar Ordoñez, encargada de la vigilancia de enfermedades respiratorias de la Dirección de Epidemiología de la referida cartera, brindó detalles al respecto del tema durante una entrevista en el programa A Primera Hora, de Emisoras Unidas, donde destacó la importancia de la vacunación en determinados sectores de la población.
Según mencionó, las principales complicaciones se presentan en adultos mayores de 60 -sobre todo, mayores de 65 años- y en niños de uno a cuatro años, quienes concentran la mayoría de los casos graves que requieren hospitalización. Por ello, la vacunación anual resulta fundamental para estos grupos y para quienes padecen enfermedades subyacentes.
Las personas fuera de estos grupos prioritarios generalmente atraviesan la influenza como un resfriado común, con síntomas pero sin necesidad de hospitalización. Sin embargo, las mujeres embarazadas deben vacunarse para proteger a sus bebés, especialmente hasta los seis meses, periodo en que el niño aún no puede recibir la vacuna directamente y precisa de mayores cuidados.
Prevención más allá de la vacuna
Existen numerosas creencias populares sobre la prevención de enfermedades respiratorias, como el consumo de vitamina C. En tanto, Ordóñez recomienda centrarse en una alimentación adecuada, estar atento a los primeros síntomas -sobre todo en niños pequeños y adultos mayores-, y adoptar medidas simples pero efectivas. Explicó que, por ejemplo, el lavado frecuente y adecuado de manos es una de las acciones más eficaces para prevenir infecciones respiratorias, junto con evitar el contacto frecuente de las manos con la cara.
La especialista sugiere lavar las manos durante al menos dos minutos, frotando vigorosamente para eliminar no solo la suciedad sino también agentes patógenos presentes en la piel, dando especial énfasis a situaciones como después de ir al baño o antes de comer.
Influenza y COVID-19, síntomas y diferencias
Existen diferencias significativas entre ambos virus respiratorios. Mientras el COVID-19 puede causar síntomas persistentes después de la fase aguda, como fatiga prolongada, la influenza suele generar cuadros clínicos más severos durante la infección inicial. Por ello, la vacuna contra la influenza es recomendada en los grupos mencionados para evitar cuadros graves y ausencias prolongadas en actividades diarias.
Cuándo buscar atención médica
Ordóñez advierte que es fundamental consultar a un servicio de salud ante síntomas de alarma como fiebre persistente por más de 72 horas, dificultad para respirar, desorientación en adultos o rechazo de alimentos en niños pequeños. Estos signos indican un riesgo mayor y requieren atención inmediata.



