La sociedad guatemalteca enfrenta un alarmante deterioro en los círculos de contención para la niñez y adolescencia, lo que se traduce en un aumento de conductas extremas y la vinculación temprana con estructuras criminales. El tema fue abordado este miércoles, 27 de mayo, durante el programa A Primera Hora, de Emisoras Unidas, donde se conversó con Marvin Rabanales, secretario de Bienestar Social.
El funcionario adviertió que la situación actual es el efecto de décadas de desatención y desintegración familiar y comunitaria. Este análisis surge a raíz de un incidente lamentable que involucra a un adolescente de 16 años, quien exhibió un comportamiento violento, reflejo de una personalidad en deterioro. El menor fue sorprendido junto a un adulto mientras desmembraban un cuerpo en la zona 18 capitalina.
Según Rabanales, el problema central radica en el debilitamiento progresivo de la familia y la comunidad, que tradicionalmente actúan como los principales pilares de apoyo y formación para los jóvenes.
"Con 16 años, este adolescente tiene un deterioro de su personalidad que llega a conductas tan extremas como la que lamentamos", expresó. La solución, a su juicio, no requiere de grandes innovaciones, sino de un retorno a lo fundamental: fortalecer a la familia, empoderar a los padres con herramientas para ejercer su autoridad, educar y acompañar a sus hijos, y servir como modelos positivos.
Las raíces de la desintegración social
La realidad presenta un panorama complejo. La desintegración familiar, la existencia de padres ausentes, la migración de madres en busca de oportunidades y las relaciones violentas dentro del hogar son factores que contribuyen a un entorno vulnerable. A esto se suma la influencia de círculos comunitarios que, en lugar de proteger, captan y cooptan a los jóvenes, casi obligándolos a pertenecer a estructuras delictivas.
El entrevistador planteó una preocupación clave: ¿Qué ocurre cuando la familia, agobiada por problemas económicos y un entorno violento, no logra proteger a sus hijos, quienes se ven forzados a unirse a pandillas para sobrevivir? Rabanales reconoce la complejidad de esta situación, enfatizando que la pobreza, aunque no debería ser una causa directa, a menudo empuja a los jóvenes a buscar refugio y seguridad en estas estructuras.
Estrategias preventivas y el desafío de las pandillas
Ante este escenario, el Estado está intensificando estrategias de fortalecimiento familiar de manera preventiva. Estas incluyen la implementación de escuelas de padres, programas de acogimiento familiar, iniciativas de educación y sensibilización.
El objetivo es que estos programas tengan un alcance nacional, municipal y comunitario, con un énfasis particular en las áreas más conflictivas del país. "Tenemos algunos programas en municipios aledaños a la capital, en la propia capital para poder apoyar, pero es poco en virtud de la magnitud del fenómeno", admitió Rabanales.
Un factor agravante es la creciente sofisticación y organización de las maras y pandillas, que les permite captar a niños y niñas desde edades muy tempranas. El sistema de protección ha identificado perfiles de menores de 13 años ya vinculados a estas estructuras, quienes eventualmente se convierten en victimarios. Esta captación precoz subraya la urgencia de una intervención multisectorial y sostenida.
Una ventana de oportunidad para la reinserción
A pesar de la gravedad de los casos, como el de un adolescente de 16 años con un historial de violencia, el Secretario de Bienestar Social ve una oportunidad en la edad de estos jóvenes. "Yo veo una oportunidad en la edad, porque todavía no ha cumplido su proceso de maduración, todavía está en crecimiento, que está formando su personalidad", afirmó Rabanales. Esta etapa de desarrollo permite que los equipos multidisciplinarios trabajen intensamente para revertir conductas y lograr la reinserción social.
En Guatemala, los centros de privación de libertad para menores cuentan con programas y equipos de profesionales dedicados a la rehabilitación. Rabanales aseguró que existen formas de reinserción y que han logrado "muchos éxitos". Si bien reconoce que no todos los casos son exitosos, la ventana de oportunidad que ofrece la inmadurez biológica y psicológica de los adolescentes es crucial. "Es ahí donde creo que todavía nuestros equipos, nuestros programas pueden afectar la vida de manera positiva de este tipo de adolescente", concluyó.
La tarea de revertir la descomposición social, que ha tomado décadas en gestarse, requiere del involucramiento de toda la sociedad. Los efectos de esta problemática los padecemos todos, y aunque el Estado esté comprometido a dar una respuesta, el camino es largo y demanda un esfuerzo conjunto y sostenido para ofrecer alternativas viables a la niñez y adolescencia en riesgo.




