La sangre de la menstruación podría contener mucha más información de la que se pensaba. Además de sangre, el flujo menstrual está compuesto por tejido del endometrio, células del sistema inmunitario, moco cervical, proteínas y material genético.
Por ello, investigadores estudian si sus características pueden ayudar a comprender mejor la salud de las mujeres. A diferencia de una muestra tradicional de sangre, el flujo menstrual procede directamente del aparato reproductor femenino, por lo que puede proporcionar información relacionada con lo que ocurre en el útero y el endometrio.
Uno de los campos que ha despertado mayor interés es el estudio de la endometriosis, una enfermedad en la que un tejido similar al endometrio crece fuera del útero y puede provocar dolor pélvico intenso y menstruaciones abundantes. Actualmente, el diagnóstico de la endometriosis puede tardar años, debido a que sus síntomas pueden confundirse con otras enfermedades.
Por esta razón, científicos investigan si determinadas células, proteínas y moléculas presentes en la sangre menstrual pueden funcionar como biomarcadores. La posibilidad de obtener información mediante una muestra menstrual resulta especialmente atractiva porque podría convertirse en una alternativa menos invasiva para estudiar algunas enfermedades ginecológicas.
Más de la menstruación
Aunque el aspecto de la menstruación no permite diagnosticar por sí solo una enfermedad, algunos cambios pueden ser importantes. La sangre menstrual puede variar entre rojo brillante, rojo oscuro, marrón o incluso casi negro.
La sangre más oscura suele corresponder a sangre que tardó más tiempo en salir del útero y se oxidó, algo que puede ocurrir especialmente al comienzo o al final del periodo. También pueden aparecer coágulos pequeños, particularmente durante los días de mayor flujo.
Sin embargo, los coágulos grandes y frecuentes acompañados de un sangrado muy abundante pueden justificar una evaluación médica. Un periodo que dura más de siete días, la necesidad de cambiar una toalla sanitaria o tampón cada hora durante varias horas, los coágulos grandes o un sangrado considerablemente mayor al habitual son señales que conviene consultar un profesional.
La pérdida excesiva de sangre también puede disminuir las reservas de hierro y provocar anemia, cuyos síntomas pueden incluir cansancio, debilidad, mareos, falta de aire y palidez.




