Nota de EU89.7
Artista se implanta aletas en el cráneo y se declara “transespecie”

El artista Manel De Aguas asegura que no se considera “100 % humano” y que su persona “no coincide con el concepto biológico que se conoce”.

Manel De Aguas, un artista catalán de 24 años de edad, ha causado sensación en las redes sociales tras revelar que decidió implantarse dos aletas artificiales en el cráneo y que se autopercibe como “transespecie”.

En una entrevista con el portal InfobaeDe Aguas revela que se inspiró en los peces y en la biología marina, y que él mismo diseñó el dispositivo que ahora forma parte de su cabeza.

Ya de pequeño me sentía muy conectado” a los peces, confiesa.

Además, asegura que no se considera “ciento por ciento humano”, y que su persona “no coincide con el concepto biológico que se conoce”.

Para someterse al implante transdermal, durante el cual un microchip le fue introducido entre la piel y el hueso, De Aguas tuvo que viajar a Japón.

El dispositivo consiste en dos membranas de silicona de 500 gramos que, con ayuda del microchip, captan los cambios de presión atmosférica, humedad y temperatura, y los convierten en vibraciones que se transmiten por el cráneo, tranformándolos en sonido.

Al principio, el joven portaba las aletas con ayuda de una diadema que se colocaba en la parte posterior de la cabeza, mientras que la placa con el circuito electrónico permanecía expuesta.

Estoy acostumbrado a que me miren por la calle

En esta elección de identidad, Manel también se considera así mismo como “cyborg”, concepto que la RAE (Real Academia Española) define como “ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos”.

Al día de hoy, el humano vive como en una burbuja antropocentrista, viendo a la naturaleza en una escalera jerárquica vertical en la que el humano está por encima de las otras especies (…) Para mí, este proyecto también significa romper con eso”, opina.

De Aguas también reconoce que está acostumbrado a llamar la atención de la gente por su aspecto, pero asegura que no le importa.

Estoy acostumbrado a que la gente me mire por la calle, pero no me afecta (…) Me enriquece como persona, me enriquece mi curiosidad. Es más como una experiencia poética que me conecta a la naturaleza más que antes”, concluye.