En Francia ha surgido una propuesta que ha generado un intenso debate en el ámbito del fútbol internacional. El diputado francés Éric Coquerel ha solicitado públicamente a la FIFA que no se disputen partidos del Mundial en Estados Unidos, como respuesta a la política internacional del presidente Donald Trump.
Coquerel plantea que la competición se reoriente hacia México y Canadá, al considerar que el contexto político y social estadounidense es incompatible con los valores que debería representar un evento global como la Copa del Mundo. En un mensaje publicado en la red social X, el parlamentario expresó duras críticas hacia Washington, cuestionando si es coherente jugar un Mundial en un país que, según él, vulnera el derecho internacional y adopta políticas excluyentes.
¿Corre riesgo el Mundial?
A pesar de la contundencia de estas declaraciones, un cambio de planes parece poco realista. El torneo, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio y será organizado conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México, está a menos de cinco meses de su inicio. La FIFA no ha dado señales de reconsiderar la sede y, de hecho, la cercanía entre su presidente, Gianni Infantino, y Donald Trump quedó en evidencia durante el sorteo celebrado a principios de diciembre, cuando el mandatario estadounidense recibió el primer "premio de la paz" otorgado por la federación.
Las críticas no se limitan a Francia. En Alemania, el político Jürgen Hardt, miembro de la CDU, ha sugerido la posibilidad de un boicot al Mundial como respuesta a la actitud de Trump respecto a Groenlandia. Hardt ha señalado que cancelar el torneo solo debería contemplarse como último recurso para presionar al presidente estadounidense a replantear sus aspiraciones expansionistas sobre la isla, territorio perteneciente al Reino de Dinamarca. Según el dirigente alemán, Trump es plenamente consciente de la importancia simbólica y política que tiene para él albergar un Mundial en suelo estadounidense.
No obstante, dentro del propio gobierno alemán existen posturas más cautas. La ministra de Deportes, Christiane Schenderlein, ha expresado sus reservas ante la idea de un boicot, subrayando que cualquier decisión de ese calibre corresponde a la Federación Alemana de Fútbol y a la FIFA.



