La contundente sanción impuesta al guardameta argentino Esteban Andrada ha sacudido al fútbol español tras los hechos ocurridos en el estadio El Alcoraz. El portero del Real Zaragoza fue castigado con trece partidos de suspensión luego de agredir a Jorge Pulido, capitán del SD Huesca, durante un encuentro correspondiente a la recta final de la LaLiga Hypermotion. La resolución, emitida por la Real Federación Española de Fútbol, responde a la gravedad de una acción que desbordó los límites del juego limpio.
Según el acta arbitral redactada por Dámaso Arcediano, el incidente se produjo en los minutos finales, cuando Andrada, ya amonestado, empujó a un rival con el balón detenido y recibió su segunda tarjeta amarilla. Acto seguido, en una reacción violenta, corrió hacia Pulido y le propinó un puñetazo en el rostro que le provocó un hematoma en el pómulo izquierdo. Este comportamiento derivó en una sanción de doce partidos por agresión, a los que se sumó uno adicional por la expulsión.
Sanción ejemplar para el portero del Zaragoza
El Comité de Disciplina subrayó en su resolución que la naturaleza del golpe —directo al rostro y ejecutado con fuerza excesiva— sitúa la acción en el nivel más grave dentro de este tipo de infracciones. Además, consideró como agravantes la intencionalidad mínima necesaria para desplazarse hacia el rival y la persistencia en la actitud confrontativa incluso después de la expulsión. El organismo también advirtió que este tipo de conductas no solo afectan a los involucrados, sino que ponen en riesgo el orden del encuentro y la integridad de otros participantes.
El episodio provocó una tangana generalizada entre jugadores de ambos equipos, lo que obligó a la intervención de las fuerzas de seguridad para restablecer el orden. Posteriormente, Andrada ofreció disculpas públicas y privadas, mostrando arrepentimiento por lo sucedido. Por su parte, el técnico del Zaragoza, David Navarro, pidió comprensión al señalar el impacto emocional del incidente en el jugador. No obstante, la sanción ejemplar busca enviar un mensaje claro: la violencia no tiene cabida en el fútbol profesional, especialmente en competiciones de alta exigencia y visibilidad.
