Un sismo de magnitud 7.4 sacudió la región el pasado viernes, 17 de julio, y continúa generando réplicas. El coordinador de la sección de Sismología del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), Diego Castro, explicó que se han registrado aproximadamente 300 movimientos telúricos, incluyendo una de magnitud 6.
"Hay varias de magnitudes entre 5.9 y 5, aunque muchas han sido imperceptibles para la población", puntualizó el experto durante una entrevista en el programa A Primera Hora, de Emisoras Unidas.
Castro aclaró la importancia de comprender cómo se libera la energía sísmica y por qué esto puede provocar una serie de réplicas tras un evento principal fuerte. Recordó que en el pasado se pensaba que la ausencia de sismos anunciaba un gran terremoto o, al contrario, que una alta frecuencia de sismos evitaba un gran desastre.
"Hoy sabemos, gracias a la tecnología y al monitoreo avanzado, que esto depende mucho de las características de la fuente sísmica y que tras un evento grande se suelen esperar réplicas de menor magnitud", puntualizó.
Las réplicas y la ley de Gutenberg-Richter
El coordinador explicó que existe una regla clara en la sismología: por cada gran terremoto, como uno de magnitud siete, suelen registrarse uno o dos de magnitud seis, además de muchos eventos menores. Esta tendencia está descrita por la ley de Gutenberg-Richter, que predice la frecuencia de sismos en diferentes magnitudes tras un evento mayor. Sin embargo, Castro recalcó que la cantidad exacta de sismos detectados depende de la capacidad tecnológica y el alcance de la red sismológica instalada en la región.
En el caso actual, los sensores están instalados a cierta distancia del epicentro, lo que limita la detección de sismos menores. Castro subrayó: "Estamos viendo solo los eventos grandes porque nuestros sensores más cercanos al epicentro están a unos 90 a 100 kilómetros de distancia".
El monitoreo y los avances tecnológicos
La evolución tecnológica ha cambiado radicalmente la forma de registrar y responder a los sismos. Diego Castro comentó: "La diferencia entre el monitoreo sísmico actual y el de hace 50 años es abismal". Hoy, el Insivumeh cuenta con sensores de alta tecnología, algoritmos de procesamiento y recursos informáticos que permiten ofrecer respuestas en cuestión de segundos, dejando en el pasado los sistemas que utilizaban tambores y agujas vibrantes, aunque uno de estos históricos equipos sigue funcionando a modo de pieza de museo.
En relación con otros sismos previos, Castro puso como ejemplo la secuencia sísmica del 8 de julio del año anterior, cuando un evento de magnitud 5.8 en la corteza nacional generó más de 2 mil réplicas a lo largo de varios meses. En esa ocasión, la proximidad de los sensores permitió identificar hasta los micromovimientos de magnitud inferior a tres cerca del epicentro, algo que no es posible en la situación actual debido a la distancia.
Perspectivas tras el evento principal
El especialista advirtió que, dada la liberación de energía provocada por el sismo de magnitud 7.4, es probable que continúen registrándose eventos pequeños durante un tiempo prolongado. Aunque la mayoría de estos probablemente pasarán desapercibidos para la población, la actividad sísmica persistirá mientras el proceso de liberación de energía siga su curso natural.
Al finalizar la entrevista, Diego Castro insistió en la importancia de comprender la naturaleza tanto de la fuente sísmica como del monitoreo. "Seguiremos atentos a futuros movimientos y mantendremos informado al público con precisión y veracidad", concluyó.





