Lo que para muchos parece un simple gesto de nerviosismo o aburrimiento, como morderse las uñas o arrancarse las pieles, puede esconder un problema más serio. Cuando este hábito se vuelve constante y difícil de controlar, podría tratarse de un trastorno relacionado con la ansiedad o el control de impulsos.
Aunque muchas personas recurren a morderse las uñas o a arrancarse las pieles de los dedos o labios de forma ocasional, cuando esta conducta se convierte en repetitiva, genera heridas o se desvincula del control voluntario.
Esto puede tratarse de un síntoma de un trastorno de salud mental mayor que debes tomar en cuenta. Los especialistas señalan que este tipo de acciones pueden estar relacionadas con la dermatilomanía o la onicofagia en su grado más severo.
Ambas son conductas que, cuando se repiten con frecuencia, causan daño físico, malestar emocional y dificultades en la vida cotidiana. Cabe destacar que, dejan de ser simples manías cuando afectan la salud o el bienestar general.
No te comas las uñas
No toda persona que se muerde las uñas tiene un trastorno, pero hay señales de alerta que no deben ignorarse: la frecuencia con la que ocurre el impulso, el daño que provoca, la falta de control para detenerlo y el impacto que tiene en las relaciones o la rutina diaria. Estas conductas pueden derivar en pequeñas lesiones, infecciones y una sensación de vergüenza o ansiedad constante.
El origen suele estar relacionado con etapas de estrés, cambios importantes, ansiedad o inseguridad emocional. Para muchos, morderse las uñas o arrancarse las pieles actúa como una forma de liberar tensión, pero con el tiempo agrava el problema y se convierte en una especie de círculo vicioso.
En casos leves, se pueden aplicar estrategias conductuales sencillas: mantener las manos ocupadas, aplicar cremas protectoras o llevar las uñas cuidadas para reducir el impulso. También ayuda identificar los momentos o emociones que desencadenan el hábito.



