Impacto Ambiental de la IA: ¿El costo de decir 'por favor'?
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Alarmante huella ambiental de la IA: ¿Por qué decirle “por favor” a ChatGPT tiene un costo ambiental?

¿Eres de los que al hacer una consulta a la IA dices por favor? La creciente demanda de inteligencia artificial incrementará el consumo energético de los centros de datos, y con ello la enorme suma de agua que utilizan.

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ChatGPT / FOTO:

El uso de la inteligencia artificial genera un impacto ambiental comparable al de los países más grandes, advirtió un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas. El consumo y la contaminación ligada a los centros de datos, fundamentales para operar IA como ChatGPT, ya rivalizan con el de grandes naciones y podrían duplicarse en apenas cuatro años, debido al crecimiento acelerado de la demanda tecnológica.

Actualmente, la inteligencia artificial representa cerca del 20 % del consumo energético de estos centros, y se espera que esa cifra suba al 40 % para 2030. Esto implica mayores demandas no solo de electricidad, sino también de agua, principal recurso para refrigerar los sistemas informáticos de alta complejidad.

Impacto de la huella ecológica

El informe señala que en 2023 los centros de datos consumieron 448 billones de vatios hora de electricidad en todo el mundo, superando el gasto energético anual de todos los países salvo diez. Esta actividad generó unas 189 millones de toneladas de dióxido de carbono, cifra similar a las emisiones de Argentina. Además, la producción de tanta electricidad requirió aproximadamente 4,5 billones de litros de agua.

Para el año 2030, las proyecciones muestran un consumo cercano al tres por ciento de toda la electricidad global (935 billones de vatios hora), lo que convertiría a los centros de datos en el sexto mayor consumidor de energía si fueran un país. Las emisiones de CO₂ relacionadas podrían también duplicarse, acercándose a los 399 millones de toneladas.

Consecuencias ambientales de la IA

Kaveh Madani, coautor y director del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, recalcó la dimensión del reto: "La demanda es enorme y comparable a la de muchos Estados". El análisis fue destacado por expertos como Fengqi You, profesor de ingeniería en la Universidad Cornell, por su rigor en integrar aspectos como emisiones, uso del suelo, ciclo de vida y justicia ambiental en un solo marco.

Por su parte Jean Su, directora de Justicia Energética del Center for Biological Diversity, subrayó que este es el primer análisis global que arroja luz sobre los impactos ecológicos de la inteligencia artificial. A pesar de su avance, el sector asegura que trabaja con autoridades para operar de manera transparente y responsable.

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La guía documenta algunos de los potenciales riesgos para los sistemas sanitarios, como el llamado “sesgo de automatización”.

El costo ambiental de cada consulta de IA

Según el informe, una consulta típica a ChatGPT usa unas 200 veces más energía que un filtro de spam convencional. En el caso de contenido visual, la energía requerida crece mucho más. El estudio puntualiza que GPT-3 necesitó unos 1.300 millones de vatios hora para entrenarse, cifra que la siguiente versión multiplicó por hasta 70 veces.

Sin embargo, el uso diario de estos sistemas representa cerca del 90 % del consumo total de energía. Solo GPT recibe alrededor de 2.500 millones de solicitudes diarias, lo que eleva el gasto energético de forma extraordinaria.

¿Pequeños gestos pueden reducir el consumo?

Madani sugiere que la manera en que se formulan las preguntas a la IA impacta en el consumo: reducir en un 30 % el número de palabras podría disminuir hasta un 25 % la energía utilizada. Esta disminución representaría el consumo anual de electricidad de unas 700.000 personas en África.

"Ser menos cortés y más preciso al consultar a la IA puede contribuir a bajar la demanda de energía", dijo Madani, quien recomienda evitar palabras innecesarias como "por favor". Así, un gesto tan simple como acortar la consulta podría marcar una diferencia significativa en la huella ambiental.

La gran mayoría de las personas, en específico el 70 %, es educada con la IA, según una encuesta realizada por la editorial británica Future en 2024. Entre los datos más relevantes de la encuesta se resalta que el 55 % asegura que lo hace porque "es simplemente lo correcto", mientras que el 12 % afirma que es porque "cuando llegue la rebelión de los robots, no quiero ser el primero en la lista".

El dilema de la eficiencia y transparencia

A medida que los sistemas se vuelven más eficientes, su uso se dispara y el consumo total puede seguir creciendo pese a las mejoras tecnológicas. Según Madani, el aprovechamiento de energías renovables en algunos centros de datos no siempre significa una reducción neta global, ya que desplaza el consumo de electricidad limpia a otras regiones.

El estudio también apunta a la falta de transparencia de muchas empresas tecnológicas sobre el consumo de sus centros de datos y sus ubicaciones, lo que dificulta la gestión y regulación ambiental.

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