Guy Ritchie no descubre el fuego con su más reciente incursión en el bajo mundo inglés, pero altera drásticamente la química de sus explosivos, ya no es como era, pero no deja de ser genial. Atrás queda la dependencia exclusiva del montaje epiléptico y el humor verborreico que tanto nos gusta y que definió su marca durante décadas, desde aquel proyecto Lock Stock and Two Smoking Barrels.
En su lugar, el director inyecta una intriga espesa, pausada y fríamente calculada, un cambio de forma que oxigena su propuesta y nos cuenta una historia lenta.
La producción compite de frente por el mismo nicho de audiencia que Mobland y Peaky Blinders; ambos productos se disputan a un espectador sediento de sangre, trajes a la medida, imperios criminales familiares y acentos cortantes, justo ahora que la franquicia rival calienta motores para su regreso con Tom Hardy como protagonista.
Ritchie demuestra que puede sostener la tensión dramática sin necesidad de soltar carcajadas cada tres minutos, abrazando una oscuridad que eleva el material original. Sin embargo, el viaje hacia esta nueva madurez tonal no es inmaculado y deja cadáveres narrativos innegables en el camino. Un poco de Deus ex machina por aquí y por allá en cada episodio, escena de novela latina pero nunca, nunca, una apología al crimen.
Acá la temporada 1
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♬ The Gentlemen Titles - Chris Benstead
El naufragio de la credibilidad argumental
La maquinaria cruje con violencia exactamente donde debería mostrar mayor solidez. La construcción del personaje de Susie Glass es un despropósito estructural que subestima a la audiencia. Su actitud frente a los constantes dilemas morales y logísticos del imperio carece de un anclaje psicológico real; llega a aburrir en esta temporada cuando en la anterior brillaba. El guion la hace oscilar sin brújula entre la lealtad inquebrantable a los mandatos de sangre de la familia Glass y una traición errática, nublada por una envidia inexplicable hacia la nueva vida de Eddie. Las motivaciones de Susie huelen a un guión mojado y arrugado por una tormenta británica.
Los diálogos, que antaño funcionaban como el sello de agua indiscutible del director y su principal arma de seducción, a veces, no siempre, suenan huecos, forzados, carentes de la agudeza callejera que exige el subgénero criminal que el mismo Ritchie cofundó y ha ayudado a construir. Susie termina reducida a un manojo de reacciones emocionales mal justificadas que dinamitan el pacto de credibilidad.
El mesías del antiguo testamento
Si el relato no colapsa bajo el peso de sus fallas de caracterización es porque Eddie sostiene el andamiaje completo con una brutalidad absolutamente magnética. No estamos ante el clásico criminal por accidente ni frente al heredero reacio que aprende a ensuciarse las manos por necesidad, su evolución es similar a Michael Corleone, realmente mejorado, exmilitar y ahora capo del narcotráfico. Eddie es un sociópata en potencia, que en esta temporada buscará venganza.
Eddie funciona como el motor central y el trampolín perfecto hacia una inminente tercera temporada; encarna la promesa de que algo mucho más oscuro, visceral y demencial aguarda agazapado tras esa intachable fachada de decencia británica. ¿Y qué decir de Freddy Horniman? lo vimos poco pero es más loco, ahora rehabilitado y cristiano, el futuro anuncia violencia.
La forma sobre la fórmula clásico: Ritchie evolucionado
La serie triunfa en su balance general porque la densidad de la intriga logra asfixiar los lugares comunes. Ritchie se arriesga a tomarse en serio a sí mismo y, aunque patine gravemente en la tridimensionalidad de sus figuras femeninas, acierta al construir una atmósfera viciada donde la amenaza respira en cada rincón de la finca. Se burla de la aristocracia inglesa y nosotros reímos con él. Acá nada es inmaculado. La violencia ya no es un remate cómico para aliviar la tensión, sino una penitencia inevitable que los personajes deben asumir. Aca la violencia ya deja cicatrices y consecuencias, en otras palabras la redención no existe en este infierno británico de pasto verde y escopetas de caza.
Queda la aterradora certeza de que el verdadero peligro jamás viste como un matón de callejón, sino como un lord convencido hasta la médula de ser el brazo ejecutor de la justicia divina.
La vi en dos sesiones, ocho episodios, por eso tenés que ver Los Caballeros:
—¿Cuáles Caballeros? ¿Caballeros de la Reina? ¿Caballeros de la mesa redonda? ¿Los Caballeros del maldito Zodiaco? Sé específico, muchacho. ¿Cuáles Caballeros?
—Nuestros Caballeros. Los caballeros de sangre azul, Los caballeros del imperio de la hierba mala. The Gentleman y su segunda temporada, directa del cerebro de Guy Ritchie. Ya está en Netflix. Sírvete un whisky caro, encendé tu puro porque ¡Tenés que verla!
@gabrielaranafuentes




