El debate sobre el uso del futbol en los patios escolares en España ha irrumpido con fuerza en el ámbito político tras una propuesta impulsada desde Unidas Podemos y respaldada parcialmente por voces del PSOE. Jugar al futbol ha sido, durante décadas, una escena habitual en los recreos de los colegios españoles, pero ahora esta práctica tradicional se ve cuestionada por consideraciones relacionadas con la igualdad de género, la convivencia y el modelo de ocio infantil.
La polémica se originó en Sant Antoni de Portmany, en Ibiza, donde la concejala de Unidas Podemos, Angie Roselló, planteó que el Ayuntamiento interviniera para eliminar los campos de fútbol de los centros educativos del municipio. Su objetivo, según explicó, es sustituirlos por espacios de juego "inclusivos y no competitivos" que fomenten la participación mixta. La iniciativa fue rechazada por el equipo de gobierno local al considerar que vulneraría la autonomía de los centros, aunque el debate quedó abierto en la opinión pública.
La propuesta de suprimir el futbol fue rechazada por el gobierno local
Roselló argumentó que los patios escolares suelen estar diseñados de forma desigual, con campos de fútbol que ocupan gran parte del espacio central y que son utilizados mayoritariamente por niños, mientras que las niñas quedan relegadas a zonas periféricas. En su opinión, esta distribución refuerza dinámicas sexistas y limita la diversidad de juegos durante el recreo. Además, defendió la necesidad de transformar los patios en entornos más naturales y menos asfaltados, incorporando zonas verdes y refugios climáticos.
A estas críticas se sumó el portavoz socialista Antonio Lorenzo, quien calificó el fútbol escolar como una "práctica tóxica" debido a los conflictos que, según señaló, se generan con mayor frecuencia en comparación con otros deportes. Lorenzo, profesor de Educación Física, aseguró que los niños reproducen comportamientos que observan en el fútbol profesional y que algunas escuelas ya están replanteando sus espacios para priorizar actividades más tranquilas y entornos naturales.
Desde el Partido Popular, la propuesta recibió un rechazo frontal. La concejala de Educación, Eva Prats, consideró que se trata de una falta de respeto hacia una práctica deportiva profundamente arraigada y defendió que el problema no es el fútbol en sí, sino la educación en valores. "Fomentar cualquier tipo de deporte es positivo y las niñas también pueden jugar al fútbol", afirmó. Así, el debate continúa abierto entre quienes apuestan por reformular los patios escolares y quienes defienden el fútbol como una herramienta de integración y convivencia si se gestiona adecuadamente.
