A Mikel Arteta no le cuesta admitir que muchas veces se ha sentido vulnerable. Que no sabía si era el hombre adecuado para dirigir al Arsenal, un proyecto que ahora es un transatlántico, pero que hace años era una patata caliente que nadie quería en Inglaterra. El de San Sebastián heredó el Arsenal gris de la última etapa de Arsene Wenger, después de un pequeño hiato con Unai Emery con el que no se tuvo paciencia, y lo transformó de arriba a abajo.
"Estábamos tan lejos...", admitió Arteta en una entrevista con EFE el año pasado, antes de eliminar al Real Madrid en la Champions League, algo impensable no hace tanto en el Emirates Stadium, donde en los años finales de Wenger se habían olvidado ya de lo que era competir contra los mejores. Antes de la llegada de Arteta, el Arsenal llevaba 17 años sin pisar unas semifinales de Champions. Ese era el nivel.
Pero la historia de Arteta no ha sido un camino de rosas. En su primer año ganó la FA Cup, sí, pero en sus primeras tres temporadas sumó dos octavos puestos y un quinto en Premier y no fue hasta la cuarta cuando por fin empezó a pelear el título liguero contra el Manchester City. Ahí empezó el ejercicio de fe del técnico español, que perdió dos Premier por la mínima contra el City de su maestro Pep Guardiola y una contra el Liverpool. Precisamente el año que el City falló, ellos tampoco estuvieron bien. Fue frustrante, sobre todo por el carro de lesiones que arrastraron estos últimos años, y la situación obligó a Arteta a convencer a los futbolistas durante cuatro años seguidos que su momento llegaría.
Lo tildan de defensivo
"El primer día juntamos a todos los jugadores y les dijimos "vamos a ir por aquí y si cada uno está convencido y es capaz de mirar por el otro, vamos a estar muy cerca". Yo no puedo decirles "vamos a ganar", porque depende de tantas cosas, pero estaba convencido de que estaríamos muy cerca", explicó Arteta, cuyo modelo de juego se ha retorcido en los últimos tiempos para buscar una forma de ganar. Aunque le tilden de defensivo y de que lo fía todo al balón parado, sabe que era el camino.
"Mi trabajo es, si con una cosa no nos alcanza... Mi trabajo no es quedarme con eso, es buscar otras fórmulas, innovar, para acabar ganando".
Y lo hizo. Después de una FA Cup y dos Community Shield, trofeos menores comparados con la magnitud de la Premier, conquistó la primera liga en 22 años y tiene al Arsenal en la final de la Champions, el torneo que falta en su palmarés."Muchas veces me he preguntado si yo soy la persona capaz de ser esto, si soy la persona ideal para liderar a estos. Y esa respuesta no la tienes hasta que lo haces. Estoy muy orgulloso de que lo hemos hecho a nuestra manera", aseveró Arteta.
La victoria en la Premier ha abierto una nueva era en la historia del club. Ya se vuelve a sentir ganador, los aficionados llevan las camisetas por las calles con orgullo y el Arsenal se ve capaz de mucho más, gracias en gran parte a que Arteta nunca dejó de creer. En las próximas semanas se plasmará su renovación y así recompensará el club a la persona que ha transformado un equipo perdedor en el rey de la Premier y quizás rey también de Europa.
*Información EFE.

